Nuestra Parashá (Lev. 13) comienza a describirnos las leyes de las personas afectadas con Tzara´at, una enfermedad que podía afectar la piel y que generaba llagas (Nega) en la misma. La Torá describe todo el proceso para evaluar la lastimadura, su reclusión para evitar que otros se contagien y eventualmente su proceso de reinserción a la sociedad. Los maestros de la tradición judía nos hacen ver que las mismas letras que forman la palabra llaga (Nega – נגע) en hebreo forman también la palabra Oneg (עונג) que significa placer o deleite. ¿Qué podemos aprender de esta curiosa “coincidencia”? ¿Cómo conectar aquello que nos da placer con aquello que nos genera un dolor? La primera fuente que asocia ambas palabras se remonta al Sefer Yetzirá el cual nos dice: “No hay bien superior que el Oneg y no hay mal inferior que la Negá” (2:7). Los pone como antípodas. El Oneg es el placer y no hay nada más hermoso que poder disfrutar de buenos y dulces placeres en esta vida mientras que la Negá representa los dolores, físicos y espirituales, que no nos permiten celebrar la vida con placer y goce. El Zohar, sin embargo, nos trae estos dos conceptos no como opuestos sino con la posibilidad de transformar el Oneg en Negá, el placer en un dolor (ver. Zohar 1:26:2). ¿Cuántas veces en la vida transformamos aquello que debería causarnos placer y alegría en algo que al final nos termina enfermando y haciéndonos doler? Para el profeta Isaías, por ejemplo, el Shabat debería ser llamado Oneg, un día de puro placer, sin embargo ¿cuántas veces en vez de disfrutar este día lo terminamos padeciendo? O con las Mitzvot en general que nos fueron dadas para nuestro deleite terminan, por mal uso de las mismas, causando dolor, separación y lastimando a quienes más amamos. O pensemos también en nuestros trabajos y en muchos de nuestros “placeres” que ya dejaron de serlo hace tiempo atrás para convertirse en magulladuras, en manchas, en cicatrices. Por último, el Guerer Rebbe, nos da aún otra posibilidad de conectar ambos conceptos de una forma diferente. Él nos dice que lo único que diferencia Oneg de Negá es el lugar de la letra aín. En Oneg va al comienzo y en Nega va al final de la palabra. Y aín en hebreo, nos hace notar, es también “ojo” (Jidushei Harim, Lev. 12:55). En otras palabras lo que muchas veces determina que algo sea un Oneg (una situación de placer) o un Negá (una lastimadura que nos duele) es como ponemos el ojo, como vemos y analizamos la situación. Con un Aín Tova, con un buen ojo, con un ojo bondadoso y sabio, podemos transformar la Negá en Oneg, las llagas en goces, en aprendizajes, en momentos de alegría y deleite. ¿Oneg o Negá? Nos invito este Shabbat a pensar en nuestras propias vidas que cosas que nos deberían causar placer nos terminan haciendo doler y también que cosas que hoy las vemos como una fuente de dolor si alteramos un poco la mirada podemos quizás empezar a verlas de forma más placentera. Shabat Shalom, Rab. Uri

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