Paso a paso cómo formar un populsita. Consejos de Koraj. 3300 años de eficacia asegurada. 

  • Generar una grieta en la sociedad. 

 

Todo buen populista debe saber que una estrategia básica y siempre muy funcional para hacerse con el poder es generar un discurso de “nosotros vs. ellos”. Separar al pueblo ya sea de forma horizontal o vertical. Dividir para conquistar. Así lo explica Rashí en relación a nuestro modelo a seguir, a Koraj: “Se tomó a sí mismo de un lado para separarse dentro de la comunidad y buscar el sacerdocio” (a Núm. 16:1). Separarse, decir que uno es diferente, buscar una excusa para dividirse entre unos y otros. Así también lo traduce el Targum Onkelos “Veitpaleg”: “separarse del resto de la comunidad para sostener la discusión”. Crear artificialmente diferencias para poder sostener una discusión permanente. Esa es siempre la primera estrategia de los buenos líderes populistas: crear ficcionalmente una grieta: un nosotros y ellos. Recuerden siempre establecer un enemigo, y si no hay: crearlo. 

  • Discutir por el poder no por el saber

 

Todo buen populista debe saber que el objetivo de la discusión nunca debe ser el bien común, llegar a la verdad, pensar juntos para mejorar, intercambiar ideas para ver los errores en nuestros planteos y así mejorar, ni mucho menos… hay que discutir para ganar la discusión, hay que debatir para tomar el poder. Lo que importa no es llegar a la verdad sino ganar la discusión. Esto lo sabía muy bien nuestro maestro Koraj llamado “Baal HaMajloket” (el señor de la disputa). A diferencia de los tontos como Hilel y Shamai que discutían sobre los versículos bíblicos para encontrar su verdadero significado y así intentar dictaminar la ley como D-s hubiera querido, los verdaderos populistas como Koraj discuten “Lo LeShem Shamaim – No en el nombre del Cielo”. Todo buen populista debe tener claro siempre que el objetivo de una discusión debe ser imponerse al oponente, aplastarlo, y nunca con ideas, siempre con chicanas. Un buen populista no debe olvidarse nunca que la victoria es más importante que la verdad, que el poder siempre el objetivo. 

  • Perpetuar la discusión. 

 

Todo buen populista debe saber que aquella construcción del “nosotros y ellos” nunca debe apagarse, aunque ya las condiciones sociales hayan cambiado y que la realidad sea otra la discusión y la grieta siempre hay que mantenerla. No podemos (ni debemos) permitir que reine la armonía, esa es la perdición de todo buen populista. Un buen populista necesita crear a un otro imaginario para poder reafirmar siempre su propia endeble identidad. La grieta nunca puede apagarse, si no hay un otro, no hay un nosotros. Si vemos que la “grieta” ya no existe debemos reanimarla, una y otra vez. No debemos ser tontos como Moshé que creía en generar acuerdos y consensos, en dejar atrás viejas disputas, y poner a un lado los egos y las ansias de poder por el bien del pueblo. No hay que seguir el consejo de Moises de “no sostener la discusión”, sino todo lo contrario, hay que perpetuar la disputa, eso nos da vida. 

  • Discursos vs. Ideas

 

Todo buen populista debe saber que lo importante no son las ideas, son los discursos. Que a la gente se la gana con discursos potentes no con ideas poderosas. Que vale más repetir un slogan cual si fuera un mantra que aportar ideas que fomenten el cambio y el progreso. Que lo importante son “palabras que atraigan al corazón” (ver Bemidvar Rabá 16:2), que “seduzcan” (Etz Yosef ad. loc.) y no motivar el pensamiento propio y autónomo del pueblo. Todo buen populsita sabe que al pueblo se lo gana con palabras lindas, con algunos gritos y con discursos grandilocuentes. Así nos los enseña Koraj presentándose como el “representante de los oprimidos del pueblo” y diciéndole a Moshé y Aaron: “¡Ya estamos hartos de ustedes! Si todos en la congregación son gente consagrada al Señor, y si el Señor está en medio de ellos, ¿por qué ustedes se creen superiores a la congregación del Señor?»” (Núm. 16:3). “Somos todos sagrados”, “Somos todos iguales”, declama Koraj. Ya lo dijo Bartenura: “No hay algo que ciegue más a la gente que [un discurso grandilocuente]” (comentario a Pirkei Avot 5:17). Transformando el desafío Hashem al pueblo sobre que debían ser sagrados como si esto fuera una realidad inmanente. Así con esas palabras persuasivas se ganó a sus seguidores… pero claro todo buen populista debe saber que habla en nombre del pueblo pero que el poder es para él. 

  • Vestirse de azul

 

Todo buen populista debe saber que para hacerse con el poder debe generar un aura alrededor de su persona, una mística que lo haga especial y diferente. Y Koraj por supuesto que lo sabía. Si la Torá nos decía en la Parashá de la semana pasada que uno debía poner un fleco Tjelet (celeste) en la punta de sus vestimentas, Koraj se presentará entonces con un manto “Shekulo Tjelet” (todo celeste, ver Tanjuma, Koraj 2)… mostrándose como puro, inmaculado y especial. Todo buen populista debe saber presentarse como si todos fueran iguales pero algunos más iguales que otros. Debe cubrirse como Koraj con un manto completamente celeste, color que nos recuerda al mar y a los cielos, debe mostrarse puro escondiendo sus verdaderas intenciones detrás de aquel ropaje. Como el cerdo que se muestra puro con sus pezuñas partidas pero que en su interior es impuro al no ser rumiante. Como enseñó Maquiavelo, vale más parecer que ser. 

  • Los celos deben inspirar

 

Todo buen populista debe saber que son los celos y las ansias del poder las que deben guiarnos en la vida. Ya lo sabía Koraj que comienza su revuelta porque siendo el de la familia de los levitas su padre había sido desplazado y los cargos más importantes se los había dado a sus primos Moshé y Aaron (Bamidvar Rabá 16:2). Todo buen populista debe saber que lo que debe traccionar nuestra búsqueda por el poder es la envidia y los celos, es ese sentimiento tan prístino y hermoso de “yo también lo merezco”. Todo buen populista debe creer, como Koraj lo hizo, en el fondo de su corazón que el se merece tal puesto, que el “establishment” de su tiempo se ensañó con uno para desplazarlo y que ese fuego interior de la envidia insana y el resentimiento es el que debe marcar el curso de nuestras carreras. 

  • Lo importante es el dinero

 

Todo buen populista sabe que nunca “nada es suficiente”. No importa cuanto poder uno tenga o cuánta riqueza uno tenga siempre se puede (y se debe) buscar más dinero y más poder. Nuestro modelo a seguir Koraj nos lo enseña y nos lo recuerda. El venía de una familia importante, él ya tenía un lugar de liderazgo, era levita pero quería más. Él ya era rico, muy rico, incluso en hebreo se dice cuando alguien es rico “Ashir KeKoraj” (rico como Koraj) pero él entendió perfectamente que a más poder se puede amasar más riqueza. Él entendió que al ser Sumo Sacerdote podía obtener las “ganancias” obtenidas por las donaciones de los judíos que daban al Templo año a año. Todo buen populista debe siempre aspirar a más poder que equivaldrá a más riqueza. 

 

Así concluye este breve manual de “cómo convertirse en un líder populista” inspirado por el gran Koraj. 

 

Un Rebbe jasídico siempre repetía que cuando él daba una prédica no se estaba refiriendo a nadie de su comunidad en particular pero que si alguien se sentía identificado es que le estaba hablando a aquella persona. Hoy los invito al mismo desafío. Esta guía “humorística” del “populista ideal” está inspirada en Koraj, únicamente en él… cualquier similitud con la claridad es mera coincidencia… pero si encuentran alguna coincidencia con algún líder de nuestros tiempos y nuestras latitudes, u otros tiempos y otros lugares, no es mera coincidencia. Es la triste historia que se repite. Ya lo dijo Marx en el inicio del 18 Brumario, parafraseando a Hegel: “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”. Y es el pensador contemporáneo Zizek quien nos señala: “Algunas veces, la repetición a modo de farsa puede ser más terrorífica que la tragedia original”. Ya el mundo en los últimos 3300 años, desde Koraj a nuestros días, ha sufrido las consecuencias de los líderes populistas y del populismo. Lo hemos sufrido desde la derecha hasta la izquierda, ningún sector político, religioso o ideológico esta exento de dar a luz a sus tendencias populistas. Como judíos lo único que podemos hacer es aprender de nuestra historia, aprender de Koraj, para que la historia esta vez no se siga repitiendo como una tragica farsa sino para evitar que sigan naciendo y proliferando los contextos que lleven al nacimiento de nuevos Koraj. 

 

Shabat Shalom,

Rab. Uri

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