“Esh Tamid Tukad Al HaMizbeaj, Lo Tijbé – Un fuego eterno arderá sobre el altar, no se apagará”. (Lev. 6:6). Así nos enseña la Torá está semana. El fuego de la Menorá, del candelabro, que iluminaba el Santuario debía prenderse de forma constante (tamid) cada noche. Sin embargo, no se requería que sus velas estuvieran encendidas durante el día. Cada noche los Sacerdotes ponían una cantidad de aceite lo suficiente para que las velas ardiesen durante la noche pero luego por la mañana se apagaban.  

 

Diferente era el Mizbeaj. El altar sobre el cual se ofrecían los sacrificios diariamente debía tener un fuego perpetuo (tamid), nunca se debía apagar. De día y de noche el fuego debía arder en el altar. Para tal fin nos dice la Guemará habían varios arreglos de leños en el altar, por lo menos tres, uno de ellos específicamente para el “Kium Shel HaEsh” (el mantenimiento del fuego, b. Iomá 45a). Un brasero del cual todo el tiempo se tomaban leños para  quemar los sacrificios del altar pero que antes de sacar el último leño se debía ingresar uno nuevo para que el fuego siga ardiendo perpetuamente. Incluso cuando el Tabernáculo estaba de viaje este brasero no podía quedarse sin una llama (j. Iomá 4:5). 

 

Fuegos constantes y perpetuos para mantener la luz del Santuario y el calor del altar. Constancia y una pasión perpetua esas son las claves para lograr cada uno de nuestros objetivos en la vida. Desde lo laboral, hasta la pareja, pasando por el estudio y el cuidado de nuestros cuerpos, las claves están en los fuegos de la Menorá y del Mizbeaj. Uno implica una dosis diaria, pequeña pero constante. La otra un fuego, una pasión interna, una fuente de calor que siempre brille y nos recuerde cuál es nuestro objetivo y porqué hacemos lo que hacemos. 

 

En víspera de Pesaj también los fuegos del Mizbeaj y de la Menorá nos ayuden quizás a encontrar la clave para mantener viva la llama eterna del judaísmo, de esa historia de esclavos que fueron liberados y que caminaron, y seguimos caminando, hacia la tierra prometida. Debemos ser como sacerdotes, que de forma diaria y constante renovemos con prácticas concretas nuestra conexión con el judaísmo. Y también debemos ser los leños del altar, sintiendo un fuego, una pasión en nuestro interior que es ese amor por el judaísmo y el pueblo judío. 

 

El fuego de la constancia y el fuego de la pasión. Así mantendremos vivo todo proyecto, todo ideal y todo sueño. 

 

Shabat Shalom y Pesaj Kasher veSameaj

13 de Nisan de 5781

 

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