“Cuando las prioridades son claras, las decisiones se hacen más fáciles”. No sé quién fue el primero en expresar esta idea pero sin lugar a dudas es una poderosa enseñanza. Las prioridades en nuestras vidas nos determinan y también nos permiten tomar mejores decisiones cuando frente a cada situación se nos presentan más de una opción. 

¿Lo particular o lo universal? ¿Lo “propio” o lo “ajeno”? ¿Lo “cercano” o lo “lejano”? ¿Qué tiene prioridad? Para los Sabios de Israel la respuesta es obvia y a la vez contundente: siempre debemos partir de lo más propio y lo más cercano y luego debemos ampliarnos. No podemos ni empezar por lo lejano ni solo quedarnos con lo cercano pero tampoco debemos alterar las prioridades. 

En Parashat Mishpatim encontramos un versículo que es la base legal para la obligación moral de ayudar al prójimo: “Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura.” (Ex. 22:24) ”. La Guemará examina con meticulosidad las palabras de este versículo y encuentra que el camino para ayuda es siempre desde el próximo (prójimo), el que está cerca, al más lejano (extraño/extranjero). De forma increcional: “Entre alguien de mi pueblo y un pagano, alguien de mi pueblo tiene prioridad. Entre un pobre y un rico, el pobre tiene prioridad. Entre tus pobres y los pobres de tu ciudad, tus pobres tienen prioridad. Entre los pobres de tu ciudad y los pobres de otra ciudad, los pobres de tu ciudad tienen prioridad.” (b. Baba Metzia 71a).  

El camino de prioridades que nos enseña el judaísmo es siempre desde lo particular a lo universal. Debemos primero siempre ayudar primero al más cercano. No podemos empezar ayudando a los otros sin ocuparnos antes de los propios. El Talmud también nos recuerda que en aras de la paz también tenemos un compromiso de dar tzedaká, visitar a los enfermos y enterrar a los muertos de todas las naciones tanto como a los necesitados, enfermos y muertos del pueblo de Israel (b. Guitin 61a). El judaísmo sin lugar a dudas tiene una perspectiva universalista y tenemos un deber como pueblo de Israel de hacer Tikun Olam (reparar el mundo) pero debemos comenzar por “casa”, por lo propio (y los propios). 

¿Cómo podemos decir que cambiaremos el mundo si todavía no podemos cambiar nuestro hogar? ¿Y cómo podemos decir que debemos transformar nuestro hogar o nuestra sociedad si todavía no podemos cambiarnos a nosotros mismos? El objetivo en el judaísmo es claro: Tikun Olam (reparación del mundo) pero la prioridad es clara, debemos comenzar con Tikun Atzmi (reparación personal). Y así ir creciendo, ir contagiando, ir ayudando, ir reparando. De lo propio a lo ajeno. De lo pequeño a lo grande. Cuando cambiamos las prioridades también el objetivo se desmorona. 

Shabat Shalom,

Rab. Uri – Judaica Norte

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