Parashat Vaerá en la cual se enumeran siete de las diez plagas que condujeron al pueblo de Israel de la esclavitud hacia la libertad aparece un pasaje muy recordado y estudiado por la tradición judía. Bien al comienzo de la Parashá se nos dice (Éxodo: 6:6-8): 

לָכֵ֞ן אֱמֹ֥ר לִבְנֵֽי־יִשְׂרָאֵ֘ל אֲנִ֣י יְהוָה֒ וְהוֹצֵאתִ֣י אֶתְכֶ֗ם מִתַּ֙חַת֙ סִבְלֹ֣ת מִצְרַ֔יִם וְהִצַּלְתִּ֥י אֶתְכֶ֖ם מֵעֲבֹדָתָ֑ם וְגָאַלְתִּ֤י אֶתְכֶם֙ בִּזְר֣וֹעַ נְטוּיָ֔ה וּבִשְׁפָטִ֖ים גְּדֹלִֽים׃ וְלָקַחְתִּ֨י אֶתְכֶ֥ם לִי֙ לְעָ֔ם וְהָיִ֥יתִי לָכֶ֖ם לֵֽאלֹהִ֑ים וִֽידַעְתֶּ֗ם כִּ֣י אֲנִ֤י יְהוָה֙ אֱלֹ֣הֵיכֶ֔ם הַמּוֹצִ֣יא אֶתְכֶ֔ם מִתַּ֖חַת סִבְל֥וֹת מִצְרָֽיִם׃ וְהֵבֵאתִ֤י אֶתְכֶם֙ אֶל־הָאָ֔רֶץ אֲשֶׁ֤ר נָשָׂ֙אתִי֙ אֶת־יָדִ֔י לָתֵ֣ת אֹתָ֔הּ לְאַבְרָהָ֥ם לְיִצְחָ֖ק וּֽלְיַעֲקֹ֑ב וְנָתַתִּ֨י אֹתָ֥הּ לָכֶ֛ם מוֹרָשָׁ֖ה אֲנִ֥י יְהוָֽה׃ 

Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy Hashem; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes;  7 y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Hashem vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto.  8 Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo Hashem.

Según Rabí Iojanan (j. Pesajim 10:1;68b) las cuatro expresiones de liberación que allí se enumeran (sacaré, liberaré, redimiré, tomaré) son la base sobre la cual se construye el mandamiento de tomar cuatro copas de vino a lo largo del Seder de Pesaj. Estas cuatro copas rebosantes de vino simbolizan entonces las cuatro etapas o pasajes hacia la liberación. Y aquí algunas preguntas ¿Por qué D´s liberó al pueblo de Israel a través de etapas y no fue en un instante? ¿Y por qué la quinta expresión de libertad “y os meteré en la tierra…” no es parte de las cuatro copas? ¿o bien por qué no tomamos cinco copas durante el Seder de Pesaj? Estas dos preguntas intentaré responder. 

 

Etapas 

 

Estos cuatro lenguajes de libertad son entendidos por nuestros Sabios como etapas y momentos desde la esclavitud hasta la libertad, que se inició con la primera plaga y que culminó con la entrega de la Torá. No como sinónimos para engrandecer la figura de Dios sino como parte de un proceso. Con algunas diferencias varios de los comentaristas clásicos nos indican que estos cuatro lenguajes hacen referencia a más o menos estos cuatro momentos:

 

  1. Primer paso: Sacarlos del trabajo forzado, de la construcción de las ciudades de almacenamiento para los egipcios. Si bien ya no eran sometidos físicamente seguían estando bajo la autoridad de los egipcios.  
  2. Segundo paso: Liberarlos de la categoría general de “ser esclavos”. Incluso en Egipto ya no eran más esclavos, no estaban supeditados a los caprichos de los egipcios sino que eran libres pero aún en tierra extranjera. 
  3.  Tercer paso: Redimirlos físicamente de los confines de Egipto. Terminar con los años del exilio y cruzar el Mar de los Juncos, hundiendo en el camino a los antiguos esclavizadores. Concluir así el periodo de más de 200 años de ser extranjeros “en una tierra extraña”. 
  4.  Cuarto paso: tomarlos para hacerlos un pueblo entregándoles la Torá en el Sinaí. Ya libres, en el desierto, símbolo máximo de la libertad absoluta donde todo es posible, en la tierra de nadie, convertirlos así en un pueblo con una Ley al entregarles la Torá. 

 

El Netziv comenta diciendo que “es necesario elevar el pensamiento y la imagen del ser humano paso a paso” (HaEmek Davar, Ex. 6:6). 210 años de esclavitud no podían ser terminados en un instante. La liberación debía ser paulatina, escalonada. Primero terminar con la opresión física (sacar sus cuerpos de un trabajo que los sometía), segundo liberarlos de la sujeción jurídica de la esclavitud, tercero redimirlos de una tierra que les era extraña y cuarto darles una ley, una identidad colectiva. 

 

Ninguna adicción, ninguna esclavitud, ningún problema tiene soluciones mágicas ni instantaneas. En nuestro hermoso relato bíblico ni siquiera Hashem puede liberar al pueblo en un abrir y cerrar de ojos. Esto también es un guiño para todos nosotros, para estar atentos y ser cautos de aquellos líderes que venden “soluciones mágicas o instantáneas”. Todo cambio, toda transformación del individuo y la sociedad requieren de un proceso, de etapas. Así se consigue la verdadera libertad. No hay trampolines sino escaleras. 

 

La quinta copa

 

Si prestamos atención al texto bíblico no hay cuatro sino cinco lenguajes de redención. El versículo ocho dice: “Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad”. ¿Por qué entonces tomamos cuatro copas? ¿Por qué Rabi Iojanan no la incluyó en su reflexión talmúdica? Algunos sabios sugieren que en realidad algunas versiones del texto talmúdico verdaderamente incluían cinco copas de vino durante el Seder y no cuatro. En la edad media algunas autoridades rabínicas tenían frente a sus ojos una versión que decía cuatro y otros cinco. ¿Y cómo lo solucionaron? Con la famosa copa de Eliahu HaNavi, el profeta Elías, heraldo del Mesías. Dictaminaron que se debían tomar cuatro copas (ya que todos afirmaban que por lo menos eran cuatro copas) más la quinta copa (en disputa por muchos) debía ser llenada pero no bebida hasta que llegue el profeta Elías y nos transmita cual era la opinión certera. Su llegada, según la mentalidad rabínica, no solo traerá la paz en el mundo y la libertad absoluta sino que también (o quizás es parte de aquel proceso) nos desasnará de dudas e incertidumbres. Hasta la llegada del Mesías vivimos con la duda, su llegada “resolverá los problemas y las preguntas”. La quinta expresión de libertad, la quinta copa del Seder, quedó entonces en disputa y en una nebulosa. No solo por las variantes talmúdicas me atrevería a decir sino por algunos otros sentidos mucho más profundos. 

 

Una libertad a medias. Podemos pensar que no habrá libertad verdadera, sino siempre a medias e incompleta, cuando estamos lejos del hogar. Solo cuando se cumpla la quinta expresión de libertad, solo cuando se tome aquella quinta copa de vino, seremos realmente libres. Las primeras cuatro copas nos sacan de la esclavitud de Egipto pero la quinta copa simboliza la llegada a la tierra de Israel. Podemos sugerir entonces que nadie es completamente libre fuera de su “tierra prometida”. Fuera de su destino, fuera de su “verdadero ser”. 

 

En este sentido el Rab Menajem Mendl Kasher sugirió en 1948 tras la declaración de la independencia de Israel hacer ahora sí obligatorio, para todos los judíos ya asentados en la tierra prometida, que durante el Seder de Pesaj se tome la quinta copa. Ahora sí la libertad es completa, sugería, ahora sí la quinta expresión de libertad “y os meteré” en la tierra prometida, el sueño milenario, se había hecho realidad. Durante toda la Edad Media los judíos podían levantar la copa de vino celebrando su no-esclavitud pero no así su completa libertad por eso quizás también esa quinta copa de vino se servía pero no era bebida. 

 

La libertad positiva. Siguiendo esta lectura me gustaría rescatar una profunda enseñanza y disputa de la filosofía política clásica inmortalizada en uno de los discursos más poderosos del pensador Isaiah Berlin (1909-1997): “Dos Conceptos de Libertad (1958)”. La libertad negativa y la libertad positiva o bien más cercano al corazón y al lenguaje judío: “libertad de” y “libertad para”.

 

En términos generales y muy sucintos la libertad negativa, que en palabras de Berlin es la concepción de libertad más limitada pero a su vez más popularizada en el mundo occidental en el siglo XX, se define como “poder actuar sin ser obstaculizado por otros”. Cuanto mayor sea el espacio de no interferencia, mayor será la libertad del individuo. Hoy, argumentaba, los Estados se basan en intentar extender la libertad negativa para ampliar las libertades individuales de las personas. Menos “barreras”, menos “imposiciones”, menos “restricciones”. Filósofos ingleses y franceses han comprendido que esta libertad no podía ser irrestricta por lo cual sabían que de alguna forma debía ser limitada por una ley, de “aquí se sigue que hay que trazar una frontera entre el ámbito de la vida privada [que ningún sistema podía infringir esa libertad sagrada] y el de la autoridad pública [que por el bienestar de la sociedad ponía límites a mi irrestricta libertad]”. 

 

Ahora bien, la libertad positiva, la más elevada según su lectura, y a su vez la más difícil de conseguir se da cuando cada individuo se convierte en “su propio amo y señor”, con la posibilidad de poder elegir libremente (en un contexto de no interferencia) basado realmente en sus propias decisiones, gustos y objetivos. No solo se basa en la no coacción exterior sino en vivir bajo las propias decisiones internas. La autodeterminación. Si en un contexto de aparente libertad otro decide por mi que debo hacer o que debo pensar no soy libre sino que sigo siendo un esclavo. En palabras de Kant: “El paternalismo es el mayor despotismo imaginable”; o más cercano a nuestros días en una entrevista reciente cuando le preguntaron al escritor argentino Martin Kohan qué es lo que más detestaba dijo “que otros elijan por mí, y más aún: que me supongan”. En contra de Hegel y de Freud donde los grandes sabios o los psicólogos nos conocen más que nosotros mismos Nietzsche y Berlín nos confrontan con la temible idea que nadie nos conoce más que nosotros mismos. Esta es la libertad que asusta en palabras de Erich Fromm. Saber que depende de nosotros. Ser realmente libre significa elegir plenamente conscientes por qué y qué es lo que queremos hacer.

 

La concepción positiva de la libertad es en palabras de Berlín “no el estar libre de algo, sino el ser libre para algo”. Y aquí radica el secreto de la quinta copa. Las cuatro copas, la celebración de Pesaj, solo son la libertad en sentido negativo. Dios nos liberó de la opresión física de la esclavitud de Egipto. En Pesaj celebramos la no interferencia exterior, la no coacción de los amos que nos dominan y sin embargo esto es solo la mitad de la libertad. Ahora somos libres “de”. Y ahora queda entonces la gran pregunta “¿para qué?”. La pregunta y el desafío de la libertad positiva. Nos fuimos de Egipto “¿y ahora a dónde vamos?” Podemos ser libres de coacción exterior y quedarnos perdidos y morir en el desierto de la incertidumbre, de la nada, de una vida sin propósito, sin destino, sin tierra prometida o bien podemos tomar aquella quinta copa y cumplir el mandato de “os tomaré” hacia la tierra prometida. Ahora que somos negativamente libres debemos cada uno de nosotros hacernos cargo de llenar y de tomar aquella quinta copa eligiendo que hacer con nuestra libertad. Cómo dirigirnos hacia nuestra tierra prometida. Ser nosotros protagonistas de nuestra libertad. Dios nos otorga la libertad heterónoma, y ahora alzar la quinta copa depende de nuestra decisión autónoma. 

 

Por eso en el Seder de Pesaj al preguntarnos “¿De dónde venimos?” contestamos: “de Egipto” pero la pregunta no termina allí sino que continúa “¿hacia dónde vamos?” y respondemos: “Hacia Jerusalén”. Este es el desafío, el vivir la libertad en sentido positivo en palabras de Berlín. En el Seder de Pesaj decimos: “BeShaná Abá beIerushalaim – El año próximo en Jerusalén”; y no es solo la Jerusalén física (a la cual todos soñamos con poder volver especialmente en estos años de pandemia) sino la Jerusalén espiritual de la verdadera libertad positiva. Concluímos ahora con las palabras de Isaiah Berlin: 

 

“Quiero que mi vida y mis decisiones dependan de mí mismo y no de fuerzas exteriores. Quiero ser el instrumento de mis propios actos voluntarios y no de los de otros hombres. Quiero ser sujeto y no objeto. Quiero persuadirme por razones, por propósitos conscientes míos, y no por causas que me afecten desde afuera. Quiero ser alguien, no nadie; quiero actuar, decidir, no que decidan por mí; dirigirme a mí mismo y no ser accionado por una naturaleza externa o por otros hombres como si fuera una cosa, un animal o un esclavo incapaz de juzgar mi papel como humano, esto es, concebir y realizar fines y conductas propias (…) soy libre si puedo hacer lo que quiera, y quizá, elegir entre dos maneras de obrar que se me presentan cuál es la que voy a adoptar.”

 

Shabat Shalom

 

Rab. Uri

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