Muchas veces pensamos, y con razón, que la mayoría de los conflictos entre los seres humanos son por causa de la escasez. Si como nos enseñan en el colegio “los recursos son limitados” y dos personas, grupos o países desean el mismo recurso sin lugar a dudas de allí surgirá un conflicto. ¿Y si con la abundancia sucede lo mismo? ¿Y si la abundancia no es garantía de paz ni de armonía? Según un famoso “lema” de algunos ideólogos del capitalismo cuando el mundo genere suficiente riqueza la misma se derramará a todos los hombres y mujeres del mundo, esto disminuirá las guerras y los conflictos de clase ya que todos se beneficiarán de la abundancia. Y sin embargo ¿sucede esto? ¿Esta lógica de la abundancia contempla la propia naturaleza humana de la avaricia y el poder? 

 

La Torá nos cuenta en Parashat Lej Lejá los inicios de Abraham desde el llamado de Hashem para que emprenda su camino hacia la tierra prometida. ¿Qué sabemos de Abraham antes de este momento? Poco y nada. La Torá nos cuenta únicamente que tenía 75 años y que años atrás había ya partido desde Ur Kasdim hacia Jarán con su esposa Sara y con su sobrino Lot. ¿Por qué lleva a su sobrino? La Torá calla al respecto pero el Midrash sugiere que de alguna forma Abraham lo adoptó porque su padre murió cuando él todavía era joven. Más que esto no sabemos de Abraham ni de su familia. 

 

Lo que podemos conjeturar sin embargo es que no era un hombre rico en su comienzo. Seguramente como todo migrante sus recursos eran bastante limitados en un comienzo pero todo cambia cuando por la sequía en la tierra de Israel deciden bajar a Egipto y allí tras un oscuro episodio el Faraón termina beneficiando económicamente a Abraham y este se vuelve el Abraham que nosotros conocemos: “Abraham era muy rico con rebaños, plata y oro” (Gen. 13:2). Y según nos cuenta la Torá poco después (Gen. 13:5) su sobrino Lot también se había vuelto muy rico. No queda claro, a diferencia de Abraham, cuál era la fuente de su riqueza pero el Midrash (Ber. Rabá 41:3) sostiene que fue meramente por haber estado cerca de Abraham. Simplemente por ser parte de su parentela él también se vio beneficiado. 

 

Los que conocen el estilo literario bíblico saben que no es común que la propia Torá nos cuenta cuán rico o cuán pobre es una persona y si la Torá entonces se toma el trabajo de presentarnos esta situación sabemos que algo malo seguramente sucederá: “Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar. (Gen. 13:6). Desde que partieron de Ur Kasdim sin grandes riquezas pudieron convivir y atravesar cada una de las vicisitudes sin conflictos y de forma unida sin embargo ahora la riqueza los empezará a separar. La pobreza los unía como familia y la riqueza los dividía. Varios comentaristas sugieren que la razón por la cual “ya la tierra no los podía sostener de forma conjunta” era que tenían ya demasiados animales para pastar cada uno y el terreno era insuficiente e inadecuado para tantos rebaños (ver Rashí y Seforno ad. loc.). El Jizkuni sin embargo atribuye que el problema no era la tierra limitada (que suele ser la causa normal de problemas por su escasez) sino precisamente la abundancia. Al contrario de lo que uno podría pensar que es la pobreza (o la escasez) la que lleva a la lucha por tener que compartir lo poco que uno tiene en esta oportunidad es la abundancia de riqueza lo que desencadena el conflicto. 

 

¿Y cómo se manifestaba este conflicto? Como un enfrentamiento entre los pastores de Abraham y los pastores de Lot. Y el Midrash se imagina que aquel conflicto se debía a que los animales de Lot pastaban en las tierras de Abraham y en consecuencia sus pastores le reclamaban que eso era un robo y sin embargo los pastores de Lot decían que no lo era ya que si Abraham no tenía descendencia su sobrino era quien heredaría la tierra por consecuencia no era robo ya que no estaban pastando en “tierras ajenas” (Ber. Rabá 41:5). 

 

Aquí comenzamos a ver la grandeza de Abraham y seguramente una de las razones por las cuales Hashem lo eligió para entablar un nuevo pacto. Abraham impidió que el conflicto entre los pastores escale y evitó así la fractura familiar. Abraham era el más rico de los dos y como ya dijimos seguramente la riqueza de Lot se debió a su cercanía con Abraham y sin embargo decide hacer un gran gesto y le dice a su sobrino: “Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda.” (Gen. 13:8-9)

 

Abraham privilegia la familia por sobre la tierra, la amistad por sobre la riqueza. Abraham comprende que ya juntos no podrán vivir en paz pero separados podrán mantener la amistad y el amor. Abraham le recuerda a Lot: “Ki Anashim Ajim Anajnu – Porque somos familia”. Y la familia está primero. E incluso más lo invita a que sea Lot quien elija la mejor de las tierras y él se quedará con la otra opción. Si su sobrino decide ir al este él irá al oeste. Y así sucede. Lot elige las planicies del Jordán y Abraham se retira hacia el oeste. Se separan pero en paz. Y poco tiempo después, nos contará la Torá, cuando su sobrino Lot caiga prisionero en una guerra entre jefes tribales de la zona será su tío Abraham quien lo salvará. 

 

El conflicto entre Abraham y su sobrino Lot nos recuerda que no solamente la escasez provoca conflicto social (y familiar) sino también la abundancia. ¿Quién no conoce de una familia que se haya distanciado y peleado no por no tener suficiente lugar en un departamento para que cada uno tenga su lugar sino por la herencia de diversas propiedades? Cualquier similitud con las noticias de los diarios argentinos de estas últimas semanas no es mera coincidencia. Cualquier similitud con quizás nuestras propias familias tampoco es mera coincidencia. 

 

Soy de aquellos que están convencidos de que todos los valores son universales. Todos los hombres y mujeres del mundo compartimos los mismos valores. En lo que nos diferenciamos como seres humanos y como culturas es en la ponderación y en la escala que ubicamos aquellos valores. Y Abraham, a diferencia de muchos de nosotros, lo tenía muy en claro: la familia está primero. Estuvo dispuesto a sacrificar riqueza y las mejores tierras (aunque quizás no era lo justo) para cuidar la relación con su sobrino. ¿Qué estamos dispuestos nosotros a sacrificar para mantener la paz en nuestras familias y en nuestras sociedades? ¿Estámos dispuestos a dominar nuestro ego y dejar de lado “nuestros derechos” y de lo que pensamos que es la verdad para mantener unida a nuestras familias? 

 

La abundancia de seguro es una bendición divina pero puede convertirse también en una maldición humana. La abundancia sólo será bendición cuando aprendamos a poner en el orden correcto nuestros valores. La abundancia sólo será bendición cuando aprendamos como humanidad a poner muchas veces al otro por encima de nosotros. La abundancia sólo traerá bendición cuando aprendamos a compartirla.  

 

Quiera Dios llenar nuestras manos con Su abundancia y que podamos nosotros convertir aquella abundancia en fuente de bendición, de unidad, de paz y de progreso. 

 

Rab. Uri

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