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Bereshit – LeOvdá uleShomrá: El cuidado de nuestros recursos (5781-2020)

By octubre 23, 2020No Comments

¿Cómo debe ser la relación del ciudadano con su país? ¿Con sus recursos y su entorno natural? El Rab Abraham J. Heschel nos enseña que muchas sociedades y durante gran parte de la historia la humanidad ha visto a la naturaleza y sus innumerables recursos como “una caja de herramientas” de la cual sacabamos y utilizabamos a gusto sin pensar en sus consecuencias. El afán de dominar, conquistar, crecer hizo que nuestras sociedades privilegien el desarrollo económico o progreso productivo por sobre nuestros recursos naturales. Especialmente en los últimos 250 años de la historia. Frente a esta realidad nuestra Torá nos invita a consolidar una relación diferente con nuestro entorno: “Y tomó D-s al ser humano y lo colocó en el jardín del edén para trabajarlo y para cuidarlo” (Gen. 2:15). 

El primer “país” fue el mítico Gan Eden con recursos ilimitados: “De los árboles comía y de las fuentes de agua bebía”; y su único ciudadano en un comienzo fue Adam HaRishon, el primer ser humano. ¿Y su misión? Trabajar (Laavod) la tierra y cuidarla (Lishmor). Según Ibn Ezrá (1089-1167, España) trabajar significaba regar el jardín y cuidarla hacía referencia a impedir que los animales lo dañen. De forma similar el Radak (1160-1235, Francia) comenta: “trabajar [la tierra] pero a la vez preservarla de forma intacta”

Este mismo comentarista hace hincapié que D-s tomó a Adam de un lugar y lo “colocó” en el jardín del Eden. ¿Por qué? ¿Por qué si su destino era trabajar aquella tierra y preservarla no lo creó ahí mismo? “Puesto que D-s deseaba que él apreciara la calidad de aquel jardín”. Habiendo conocido otras regiones no tan bellas ni ricas en recursos ahora Adam reconocería más la importancia de trabajarla y preservarla. Solamente cuando apreciamos las bendiciones de nuestro suelo sentimos la obligación de trabajarlo y a su vez de preservarlo. Y al respecto existe un hermoso Midrash: “En el momento que el Santo, bendito sea, creó a Adam lo puso en el Jardín del Eden y lo llevó a recorrer cada uno de los árboles del jardín. Le dijo: “Mira cuán hermosas y grandiosas son mis obras. Y todo lo que Yo he creado, para ti lo he creado. Ten en cuenta entonces que no tienes que destruir mi mundo, ya que si lo destruyes no habrá nadie después que pueda arreglarlo”. (Kohelet Rabbá 7:13).

El comentarista frances Jizkuni (1250-1310) conecta los verbos Laavod (trabajar) y Lishmor (cuidar) con dos versículos bíblicos conectados al día de Shabat: “Seis días trabajarás…” (Ex. 20:8) y “Cuidarás el día de Shabat” (Deut. 5:12). Y allí se encuentra creo yo la resolución de la tensión entre el trabajo de la tierra y su preservación, entre el desarrollo económico y el desarrollo sustentable. Sin el trabajo de la tierra por seis días no hay Shabat pero tampoco habrá tierra para trabajar en un futuro sino cuidamos el Shabat. Como enseñaba el Rab. Abraham J. Heschel: “Una de nuestras tareas principales es, ciertamente, lograr el control del mundo del espacio; pero el peligro comienza cuando al adquirir este poder del reino del espacio traicionamos toda aspiración en el reino del tiempo” (El Shabat y el hombre moderno, p. 9). La civilización occidental hizo de la conquista del espacio su ideal aún a costa de la destrucción de los recursos naturales, para el judaísmo, sin embargo, intentar conquistar el tiempo (a través del Shabat) nos permite poner mesura al dominio del hombre por sobre su entorno.

En Shabat no solo el ser humano descansa sino que la naturaleza descansa de nosotros. Trabajemos con sabiduría nuestros recursos para poder así cuidarlos para nosotros y nuestros hijos. 

Shabat Shalom,

Rab. Uri

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