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Drashá Rosh Hashaná II 5779 – ¿Cuál es el mensaje central del judaísmo?

por septiembre 12, 2018 Sin comentarios

Rosh Hashaná 5779 – Segunda Noche

Judaica Norte, Nordelta

Rabino Uriel Romano

¿Cuál es el mensaje central del judaísmo?

 

¿Cuál es el mensaje central del judaísmo? ¿Cuál es la idea central de nuestra tradición milenaria? El judaísmo es una tradición compleja. Es a la vez cultura, nación, pueblo y religión. Es díficl de explicar el judaísmo “en un tweet”. Miles de leyes, decenas de miles de costumbres, diferentes comidas, comunidades judías diversas y dispersas por el mundo, 3700 años de historia. Es muy díficl poder resumir el judaísmo en “una idea”. Sin embargo, si no tenemos tiempo, si debemos resumir el judaísmo en una frase, en una idea, parados sobre una sola pierna, en lo que dura un viaje de ascensor, en un tweet, ¿qué diríamos? ¿cuál sería nuestro mensaje?

 

Creo que fue el Rabino Abraham J. Heschel quien dijo que el pueblo judío en nuestros días (o en sus días) es como un mensajero que se ha olvidado su mensaje. En su metáfora los judíos seguían siendo judíos por “tradición”, “costumbre” o “hábito”, pero se habían olvidado su esencia, el mensaje que venían a transmitirle al mundo. Y creo que fue el Rabino Marshall T. Meyer quien dijo que en nuestros días (o en sus días) el pueblo judío no solo se había olvidado el mensaje sino que también había olvidado que era un mensajero. Los invito esta noche de Rosh Hashaná a intentar recuperar el “mensaje” con algunas ideas de los rabinos que nos precedieron y con otras nuevas.

 

Quizás la sintesís o idea central del judaísmo sea la regla conocida como la “regla de oro”. Esta frase usualmente se la atribuyen al sabio Hillel (I d.e.c), quien ante el desafío de resumir toda la Torá mientras uno esté parado en una sola pierna, dijo: “Lo que no te gusta que te hagan a ti no se lo hagas a los demás. El resto es comentario. Ve y estudialo” (TB, Shabbat 31a). Sin embargo, esta idea era ya popular en los circulos judíos ya que en el libro de Tobías el padre le aconseja a su hijo: “No hagas a nadie lo que no quieras para ti” (4:15). Esta frase la popularizará luego el propio Jesús en uno de sus discursos. No es tan importante, sin embargo, quién es el autor de esta frase sino su mensaje. Para esta tradición el mensaje central del judaísmo (por la positiva) es tratar al prójimo de la forma que a uno le gustaría ser tratado. Esta sería para este grupo la idea central en la cual se puede resumir al judaísmo. Sin embargo, nuestros maestros en la Antigüedad también esbozaron otros versículos u otras frases como el mensaje central del judaísmo.

 

Bar Kappara, por ejemplo, se preguntaba: “¿Cuál es aquel pequeño pasaje del que todos los principios fundamentales de la Torá dependen? “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus caminos (Prov. 3:6)” (TB, Brajot 63a). Para este sabio la idea central del judaísmo era que en cada uno de nuestros actos (e incluso en nuestras transgresiones según comenta Ravá al respecto) debemos reconocer la presencia Divina. Según Bar Kappara la idea fundamental de la Torá, o en otras palabras el mensaje central del judaísmo, es que debemos tener presente a Dios en cada una de nuestras acciones y en cada uno de nuestros caminos para que Él pueda ayudarnos cada día a corregirnos y superarnos.

 

Definir el judaísmo en una idea o en un mensaje es complejo. Es complejo porque partimos de la base de que tenemos 613 Mitzvot/Mandamientos. Según la Mishná: El Santo Bendito sea quiso hacer meritorio a Israel; en consecuencia incrementó para ellos la Torá y mandamientos. Pues fue dicho: “Adonai se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla.” (Isaías 42:21). (m. Makot 3:6). La razón por la que tenemos tantos mandamientos, leyes y ordenanzas se debe a que Dios quiso hacernos meritorios. Sin embargo, los sabios de la época talmúdica (TB, Makot 23b) se dan cuenta de que debía haber algunos principios rectores en los cuales se sustentaran todos estos 613 mandamientos; estos eran demasiados. Es por eso que en cada generación, sugiere el Talmud, diversos sabios y personajes de la historia judía redujeron los 613 preceptos en menos cantidad de principios. El rey David, por ejemplo, los redujo a 11, el profeta Isaías a 6, el profeta Miqueas a 3, luego Isaías logró reducirlo aún más a tan solo dos y finalmente el profeta Amos lo reduce a un principio al igual que el profeta Jabakuk. Este último decía que el principio en el cual toda la Torá y el mensaje del judaísmo se sustentaban era: “El justo por su fe vivirá” (2:4) Según este profeta, la idea central del judaísmo es la fe. La fe en Dios es aquel pilar que, según él, sustenta todo el judaísmo.

 

Al parecer, toda esta idea de resumir el judaísmo en una idea o buscar su principio más importante estaba en boga hace unos dos mil años. El Talmud (TJ, Nedarim 4:9) recoge una muy interesante discusión entre Rabí Akiva y su yerno, Ben Azai. El primero decía que el principio más importante de la Torá es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Levítico 19:18)”. Amar al prójimo para Rabí Akiva era el mensaje central de nuestra tradición. Sin embargo, su yerno creía que existía un principio aún más importante que ese: “Éste es el libro de los descendientes de Adam” (Génesis 5:1) ¿Qué quería decir Ben Azai con esta cita bíblica? Para entender su cita debemos entender la lectura rabínica de la palabra “prójimo”. Según la exégesis clásica, el prójimo se refiere al próximo, al que es como uno, al judío. En este sentido Rabí Akiva insistía en que el principio más importante del judaísmo es el amor a nuestros hermanos del pueblo de Israel. ¿Pero qué pasa con el resto de la humanidad? Aquí entra en escena Ben Azai con su curioso versículo diciéndonos que lo más importante son “los descendientes de Adam”, es decir, toda la humanidad sin distinción alguna. A todos ellos, si no podemos amarlos, por lo menos debemos respetarlos y comprender que todos, a fin de cuentas, más allá de nuestras particularidades, provenimos del mismo mítico ancestro. Rabí Akiva proponía que el principio central de la Torá era un amor particular, un amor entre hermanos. Ben Azai propone en cambio un respeto y una tolerancia universal.

 

En la literatura rabínica aparecen también otros ejemplos de intentos de sintetizar la filosofía del judaísmo en una idea. En el Talmud (TB, Guitin 69b) Rav Yosef, por ejemplo, dice que “Toda la Torá en su completitud fue dada [para conducirnos] en los caminos de la paz”. Para este sabio todas las enseñanzas de la Torá y todos los mandamientos nos deben conducir hacia el Shalom, la paz. Rabí Yehuda, por la negativa, enseña que “Todo aquel que se abstiene de practicar actos de benevolencia (Gemilut Jasadim) es considerado como que ha negado el valor principal de la Torá” (Kohelet Rabá 7:1). En este sentido el Ikar, el valor principal de la Torá, es practicar Gemilut Jasadim, actos de bondad y buenas acciones. Por último otro ejemplo clásico de intentar sintetizar la Torá en un concepto lo encontramos en un tardío Midrash medieval; allí se nos dice que “Toda la Torá depende de la justicia” (Shemot Rabá 30:19). Según esta tradición la idea fundamental de la Torá es la justicia, Mishpat, sin ella todo el andamio y el mensaje del judaísmo se pierde.

 

Repasemos entonces hasta ahora las ideas que vimos:

  1. No le hagas al otro lo que no te gusta que te hagan a ti.
  2. Ama a tu prójimo como a ti mismo.
  3. Ten fe.
  4. Tener a Dios presente en cada una de nuestras acciones.
  5. Respetar y honrar a la humanidad toda.
  6. Conducirnos hacia la paz.
  7. Actos de bondad.

 

Seguramente, si les pregunto a cada uno de ustedes cuál creen que es el mensaje central del judaísmo o cómo se podría sintetizar en una frase la idea central de nuestra cultura y tradición milenaria algunos de ustedes se identificarían con algunas de las expresiones de nuestros antepasados y otros encontrarían alguna otra forma de expresar en resumidas cuentas el mensaje judío. En las semanas previas a Rosh Hashaná, mientras pensaba y escribía esta prédica, comencé a pensar en cual sería mi respuesta si alguien llegaba algún día a preguntarme. Encontrar una respuesta no fue fácil y aún no estoy seguro, pero creo, después de indagar un tiempo, haber encontrado una respuesta que al menos por hoy me satisface. En hebreo es una palabra. En español son tres. Si tuviese que definir en una idea el mensaje eterno del judaísmo diría que es este: “LeJaim” – “Por la vida”. Simplemente, “LeJaim”.

 

LeJaim, recordando siempre que la vida es un regalo mágico. LeJaim, comprendiendo que cada día de la vida debe ser vivido al máximo. Lejaim, recordando que la vida de cada ser humano es sagrada. Lejaim, que en los momentos de tristeza aún hay esperanza, una vida a ser vivida. Lejaim, comprendiendo que la muerte también es parte de la vida, pero que incluso cuando aquel momento se acerca uno puede seguir diciendo “LeJaim” por la vida plena que vivió. LeJaim, por las cenas festivas de Shabbat y festividades que uno vive cada año junto a su familia y sus seres queridos. LeJaim, por los Brit Milá y las Jupot donde el vino acompaña esos hitos de la vida. Lejaim, por ser la tradición judía una tradición que apuesta a la vida.

 

LeJaim. Por la vida. Así puede resumirse la teología, la filosofía y la práctica judía. Lejaim, por una vida de Torá y Mitzvot. Una Torá que nos dé significado a la vida y Mitzvot que doten nuestras vidas de momentos significativos. Los Salmos dicen que la Torá es un árbol de vida para quienes se aferran a ella. Las Mitzvot, nos dice el Talmud, fueron dadas para que vivamos en ellas y no para que muramos por ellas. El judaísmo es un canto a la vida. El judaísmo celebra la vida. El judaísmo honra la vida. El estudio de la Torá y el cumplimiento de las Mitzvot nos deben conducir a vivir vidas más significativas, espiritualmente e intelectualmente desafiantes. Vidas comprometidas con Dios, con el otro, con el mundo y con nosotros mismos. La Torá nos llama siempre a elegir la vida: “He puesto delante de ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deut. 30:19). Ubajarta BaJaim, Elegirás la vida. Este es el llamado sempit de nuestro pueblo.

 

Es mi deseo este Rosh Hashaná que este año que comienza podamos día a día decir “Lejaim – Por la vida”. Que ante cada situación que nos toque vivir recordemos este susurro de la tradición que nos dice: “Lejaim – Por la vida”.

 

¡LeJaim!

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