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Yeridat HaDorot – El declive de las generaciones

por febrero 26, 2018 Sin comentarios

Yeridat HaDorot – El declive de las generaciones

Idealizando el pasado, estancando el presente.

Febrero, 2018 – Adar 5778

 

 

Introducción

No hay mejor forma de obstaculizar el cambio que venerando al pasado. No hay mejor forma de anquilosar una tradición que idealizando el pasado. Desde la Edad Media un concepto fue ganando adeptos entre los intelecutales y legos dentro del pueblo judío: Yeridat HaDorot, lit. “El declive de las generaciones”. Especialmente en nuestros días en gran parte de la ortodoxia judía, pero fuera de ella también, este concepto es tomado casi como un dogma. He aquí un mero ejemplo de este feonomeno y su utilización:

No debe sorprendernos la superioridad de nuestros ancestros en relación a nosotros, ya que es un principio básico de la perspectiva de la Torá. Esto es, que las generaciones declinan continuamente. Este principio es conocido como Yeridat Hadorot (el declinar de las generaciones). Este postula que toda generación posterior a Adám, el primer hombre, se aleja de la perfección. Adám, que fue creado por D-os mismo, es considerado el pináculo de la Creación, tanto física como intelectualmente. Su excelso conocimiento abarcaba todos los misterios del universo, y físicamente era el cenit de la grandeza humana. Unas pocas generaciones siguientes, son descriptas en la Torá Oral como conformadas por hombres de una fuerza e inteligencia casi supernaturales. Cada generación sucesiva estuvo en un peldaño más bajo en todo aspecto, físico, intelectual, emocional.[1]

En pocas palabras está es una buena definición de Yeridat HaDorot y su utilización. Este principio pregona que indefectiblemente cada generación será inferior a la anterior y esto tiene como consecuncias distintas ramificaciones, entre las que se encuentran principalmente un anquilosamiento del pensamiento y la práctica judía. Es mi intención en este breve articulo rastrear el origen de este concepto e intentar relativizarlo o contextuarlo presentando así también otras lecturas talmúdicas que se contraponen a está noción. Como base para el presente artículo he utilizado la obra del Prof. Menachem Kellner “Maimonides on the “Decline of the Generations” and the Nature of Rabbinic Authority” (SUNY, 1996)

Origen

El concepto de Yeridat HaDorot y la noción de que cada generación es inferior a la inmediatamente anterior no se encuentra presente ni en la literatura bíblica ni en gran parte de la literatura tanaitica. Será en la época del desarrollo del Talmud (s. IV-VI d.e.c), tanto en la tierra de Israel como en Babilonia, donde se comenzará a esbozar aunque no de forma sistematica este concepto. Sin embargo en ningún lugar del Talmud encontramos el término Yeridat HaDorot ni tampóco este, como veremos, es un principio aceptado por todos los sabios. Lo que afirmativamente encontramos en el Talmud son frases de diversos sabios (unos 12 en total) las cuales luegos fueron en la edad media tomadas como base y soporte para justificar la noción de Yeridat HaDorot.

Pasemos ahora sí al analísis de las fuentes. A lo largo del Talmud, tanto palestinense como babilónico, encontramos distintos sabios rememorando con nostalgia el pasado y esbozando la noción de que la presente generación es inferior a la anterior en diversas areas. Las tres areas donde este declive se presenta son: (1) Inferioridad intelectual, (2) Inferioridad espiritual, (3) Inferioridad de belleza. Como veremos no necesariamente el declive se presenta en las tres areas como igual. Comencemos analizando una por una.  

Inferioridad intelectual

La cita quizás más conocida que intenta justificar la creencia de los sabios talmúdicos sobre el principio de Yeridat HaDorot se encuentra en b. Shabbat 112b:

Rabi Zeira dijo en nombre de Raba bar Zimuna: “Si los primeros eruditos (rishonim) eran hijos de los angeles, nosotros somos como los hijos de los hombres; y si los primeros eruditos eran hijos de los hombres, nosotros somos como los burros, y ni siquiera como los burros de Rabi Janina ben Dosa o Rabi Pinjas ben Yair, sino como burros ordinarios”.[2]

Rabi Zeira[3] cita una tradición en la cual se ve un claro declive entre los sabios de generaciones anteriores y su propia generación. Antes de continuar es importante recalcar que el término que se usa para hacer referencia a las generaciones de sabios anteriores “Rishonim” es esquiva. En algunos textos hará referencia a tan solo una generación atrás mientras que en otros textos hará referencia a sabios que vivieron siglos antes. Volvamos a la cita. En esta cita claramente se presenta un cambio entre una generación y la otra. Dos posibles declives presenta Rabi Zeirá, o en estos tiempos las generación tiene el nivel de humanos, mientras que anteriormente tenían el nivel de angeles, o si las generaciones anteriores eran solo humanos ahora la humanidad descendió al nivel del reino animal. Y dentro de este reino, inferior al ser humano según la tipología bíblica y rabínica, somos como burros. Y sigue insistiendo el Talmud ni siquiera somos especiales como los burros de los piadosos de Rabi Janina ben Dosa y Rabi Pinjas ben Yair sobre los cuales el Talmud[4] nos cuenta varias historias sobre su piedad y cumpimiento de los preceptos, sino tan solo como burros ordinarios. Del contexto en el cual está cita es recogida en el Talmud podemos inferir de que Rabi Zeira estaba hacienda referencia a que las capacidades intelectuales habían descendido en su generación. Sin embargo por la cita final de los burros de Rabi Janina ben Dosa y Rabi Pinjas ben Yair podemos también suponer que estaba haciendo referencia al declive en la piedad y en la observancia de los mandamientos ya que por estos motivos son recordados los burros de estos santos hombres.

Una fuente un poco más explicita sobre el declive de las generaciones en términos intelectuales y especificamente entre una generación de sabios y la otra la encontramos en b. Eruvin 53b:

“Los corazones de los primeros eruditos eran [grandes] como la puerta del Ulam, la de los eruditos recientes eran como la de la puerta del Heijal,[5] mientras que la nuestra es como la de la punta de una aguja fina”.

Rabí Iojanan[6] explicaba con una metafora que la capacidad inelectual de las primeras generaciones de sabios eran amplias como la puerta del Ulam que tenía unos ocho metros de ancho, las generaciones más recientes tenían una capaciad intelectual reducida pero aún grande como la puerta del Heijal que tenía 4 metros de ancho, sin embargo su propia generación tenían una reducidad capacidad intelectual que se reducía al tamaño de la punta de un aguja. A continuación el editor talmúdica específica a aque hace referencia con cada una de las generaciones y un ejemplo que trae es que por rishonim hace referencia a Rabí Akiva y más recientes eruditos como alguno de sus alumnos. El editor continúa trayendo referencias de otros sabios posteriores a Rabí Iojanan, Abaye, Rava y Ashi (cada sabio de una generación posterior a la otra) diciendo que su generación es inferior a la que la precede en diversos aspectos que atañen al estudio y a la comprensión de la Torá.

En el TJ (Guitin 6:7) también encontramos referencias al declive intergeneracional. Rabí Iehuda HaNasi[7] quería en una oportunidad cuestionar una idea presentada por Rabí Iosi ben Jalafta[8] pero no se atrevió a hacerlo porque su generación era inferior a la de su maestro. El editor talmúdico adosa aquí las palabras de Rabí Ishmael ben Rabí Iosi (el hijo de aquel) diciendo: “Tal como hay una diferencia entre el oro y la suciedad, así también es la diferencia entre nuestra generación y la generación de mi padre”. En está fuente el declive se da entre una generación y otra, y claramente hace referencia a la capacidad intelectual y de conocimiento de la Halajá. En otra oportunidad el TJ (Shekalim 5:1) también da cuenta que las generaciones anteriores hicieron una gran labor para expandir los conocimientos de la Torá pero ahora “no tenemos que comer”, queriendo decir que su generación ha perdido la capacidad de comprender la Torá que tan bien habían trabajado y analizado las generaciones preexistentes. Nuevamente en esta cita no hay referencia exacta a quienes eran aquellos Rishonim.

Hasta ahora hemos visto diversos sabios los cuales todos coincidían en que las generaciones presentes eran inferiores en sus conocimientos de Torá que las generaciones que los precedieron. La mayoría de estas fuentes hace referencia a cambios en apenas una o dos generaciones sin embargo en el TB (Iomá 9b) encontramos por primera vez una discusión entre dos contemporaneos, Rabí Iojanan y Reish Lakish, con respecto a que generación es más valeros si la de los antiguos sabios (rishonim) o los contemporaneos (ajronim). Como ya hemos visto Rabí Iojanan[9] sostendrá que los primeros sabios, los de la época del primer Templo, son más importantes mientras que Reish Lakish sostendrá que los últimos son más importantes ya que “aunque están subyugados por el imperio aún así se ocupan de estudiar Torá”.

Aquí vemos como el principio de Yeridat HaDorot no era aceptado por todos los sabios ya que encontramos aquí a Reish Lakish sosteniendo la teoría contraria y también estudiantes que le preguntan a Rabí Eleazar si eran más grandes las primeras o las últimas generaciones. Luego de haber analizado estas fuentes podemos indicar que algunas hacen referencia al declive intelectual para comprender la Torá y otras hacen referencia a un declive en el estudio en sí de la Torá. Pasemos ahora a otra categoría.

Inferioridad espiritual

Si bien en muchos pasajes encontramos que el declive se da en torno a una caída en la capacidad cognitiva y de comprensión también encontramos numerosos pasajes que indican que las generaciones posteriores estudiaban mucho más que las primeras generaciones pero que aún así habían descendido pero no a nivel intelectual sino más bien espiritual y ético. Un claro ejemplo de esta noción se encuentra también en el TB (Iomá 9b) previo a la discusión anteriormente citada entre Rabí Iojanan y Reish Lakish. El Talmud discute cuales fueron los motivos de la destrucción del primer y segundo Templo y en el medio de la discusión se afirma lo siguiente: “Pero los hombres durante el segundo Templo se ocupaban de estudiar Torá, observar Mitvot y realizar actos de bondad, entonces ¿Por qué fue destruido el segundo templo? Por el odio gratuito”. El Talmud reconoce que hay una mejora entre la forma de vida y el apego a la Torá de la época del Primer Templo donde las personas realizaban idolatría, asesinaban y tenían relaciones sexuales prohíbidas y la época del Segundo Templo donde los judíos (en una lectura romantizada) cumplían los preceptos y estudiaban la Torá. He aquí una Aliat HaDorot (ascenso de las generaciones) y no Yeridat HaDorot. A nivel de hermandad y unidad entre el pueblo judío, sin embargo, estás últimas generaciones eran peores que las primeras ya que existía un odio gratuito (entre las diversas facciones judías del periodo final del Segundo Templo).

Ciertas fuentes indican claramente que el declive de las generaciones no se debe a una menor capacidad intelectual o incluso hacia una menor devoción por el estudio. Por ejemplo en el TB (Berajot 20a) Rav Papá es explicito al decir que su generación estudia mucho más que la generación de Rabí Iehuda HaNasi, en su generación se estudiaba únicamente un orden de la Mishná (Nezikin, lit. daños) mientras que en su generación se estudiaban los seis ordenes de la Mishná.[10] Sin embargo, notará Rav Papá, que si bien su generación estudiaba mucho más profundamente la Torá y cuestiones de Halajá en la época de Rabí Iehuda los milagros como ocurrían más a menudo que en su generación y Abaye le contesta que esto se debe a que las generaciones pasadas entregaban su vida y renunciaban a su propio honor por la santificación del nombre de Dios (Kidush HaShem) mientras que su generación no esta dispuesta a hacer tantos sacrificios por este fin. El Talmud traerá como pruebas dos historias de Rav Ada bar Ahava[11] y Rav Gidel[12] en donde ambos, a su manera, se humillaban a sí mismos o se sacrificaban para santificar el nombre de Dios. Lo interesante de está fuente es que no trae sabios de las primeras generaciones de tanaim o incluso de la época del primer Templo sino que hablan de sabios incluso de las primeras generaciones amoraiticas.

En otra sugya (TB Berajot 35b) se nos presentan dos dichos de Rabbah bar bar Jana[13] quien por un lado considera que la diferencia entre las generaciones anteriores y las últimas es que las primeras hacían “del estudio de la Torá su ocupación principal y del trabajo su ocupación secundaria” mientras que las últimas generaciones “hicieron del trabajo su ocupación principal y del estudio de Torá su ocupación secundaria, y ninguna prosperó en sus manos”. Y por otro lado las primeras generaciones solían traer sus productos en cierta forma para que los mismos sean suceptibles al diezmo mientras que las últimas generaciones lo hacían de tal forma para evitar tener que pagar el diezmo. Por un lado el declive según Rabbah bar bar Jana se da por la forma de las presentes generaciones de distribuir su tiempo no haciendo del estudio de la Torá su ocupación principal (pero preseten atención que no hace referencia a una disminución en la capacidad intelectual) pero especialmente el declive se da también porque las primeras generaciones eran más piadosas y observantes que las últimas que utilizaban sus conocimientos para evadir las responsabilidades a la hora de pagar el diezmo. En este mismo sentido Menachem Kellner nos llama la atención es que debemos entender el pasaje del TB (Yevamot 39b) donde se nos dice que en la antiguedad la ceremonia de Yevum (levirato) tenía prioridad sobre la ceremonia de la Jalitzá (anulación de la obligación del levirato) sin embargo en pero luego los sabios decidieron que era preferible la ceremonia de Yevum sobre la ceremonia de la Jalitzá ya que los hombres ya no tenían las intenciones correctas a la hora de celebrar esta nueva unión. El declive nuevamente se entiende en este contexto como espiritual y de observancia de los preceptos y no como declive intelectual. 

Inferioridad de belleza

                                                                                                                              

Por último, un tema menos difundido, es otra noción similar donde no solo puede haber un declive intelectual o espiritual de la humanidad (y especialmente de sus líderes) sino también en relación a la belleza. Los sabios decían por ejemplo que Sará se asemejaba a un mono cuando se la comparaba con Eva (TB Baba Batrá 58a). El TB menciona también una lista decreciente en belleza desde Adam, pasando por Yaakov, siguiendo por Rabí Abahu y termiando en Rav Kahana (Baba Metzia 84a). Adam y Eva, el primer hombre y la primera mujer, fueron los seres más bellos de la historia por su próximidiad a Dios y por haber sido creados “a su imagen y semejanza” pero como ocurre con las copias en la fotocopiadora cada edición pierde un poco su calidad.[14]

Una perspectiva diferente

Si bien es cierto como pudimos ver que a lo largo de la literatura rabínica encontramos varias fuentes que apuntan a una noción que podríamos denominar Yeridat HaDorot la misma no representa la única vision posible del mundo ni tampóco como ya hemos visto es aceptada por todos la sociedad rabínica. Ahora quisiera compartir algunos pasajes talmúdicos que nos presentan una visión opuesta o por lo menos no suscriben en lo absoluto a una noción de declive ni intelectual ni espiritual de una generación a la otra.

En términos generales los partidarios de la teoría de Yeridat HaDorot dirán que el cenit no se encontraba en los tiempos de Adan y Evá (como sí fue este en términos de belleza) sino en la época de Moises y del Monte Sinaí. Este es el punto que marca en el pensamiento rabínico la época dorada del conocimiento y del estudio (como sabemos también una noción romantizada y anacronica, pero este es otro tema). De allí en más el conocimiento se fue transmitiendo de generación en generación (Pirkei Avot 1:1) y perdiendo o deteriorando (TB Sanedrín 88a). En este sentido luego de Moises no podría haber habido ningún sabio u hombre piadoso que se asemejara a este gran líder. Sin embargo vemos que en diversas fuentes en el Talmud que personajes que vivieron cientos de años después que Moises lo superán (o lo igualan) a este en capacidades intelectuales y espirituales. Hilel (TB Sanedrín 11a), Ezrá (Sanedrín 21b), Rabí Pinjas ben Yair (TB Julin 7b) son presentados como iguales o a la misma altura que Moises mientras que Rabí Akiva en una famosa agadá (TB Menajot 29b) es presentado como intelectualmente mucho más avanzado y sofisticado que Moises.

En relación a Hilel el Talmud nos dice que tenía ochenta discipulos “treinta lo suficientmeente dignos para que la presencia divina reposase sobre ellos como reposó sobre Moises, treinta merecedores de que el sol se detenga por ellos como ocurrió con Ioshua ben Nun, y otros veinte intermedios” (TB, Suká 28b). En está fuente sin duda la noción de Yeridat HaDorot no se encuentra presente, más de mil años luego de la muerte de Moises al menos treinta alumnos tienen el mismo potencial para recibir la presencia divina que el mismisimo Moises. Y es más, nos sigue diciendo el Talmud, el menor en cualidades intelectuales y de conocimientos de todos los alumnos de Hilel era Raban Yojanan ben Zakai sin embargo se dice sobre él que estudio todas las areas posibles del saber: “Biblia, Mishná, Talmud, Halajot, Agadot… lógica, analogias… numerología”, incluso se dice que dominaba la lengua de los angeles, de los demonios de las palmeras (!) y que también sabía todo tipo de fabulas. Sin duda aquí no hay rastros de Yeridat HaDorot, sino hasta de lo contrario.

Ya hemos visto como diversas fuentes sostienen que distintos sabios en distintos momentos de la historia tuvieron las mismas condiciones intelectuales y espirituales que Moisés, una noción que pone en duda la ominpresencia en el pensamiento rabínico clásico de Yeridat HaDorot. Hay aún otro punto que ayuda a sostener esta visión contraria al dogma de Yeridat Hadorot:

Está dicho (Salmos 99:6): “Moshe y Aharón entre sus sacerdotes, y Shmuel entre los que invocaron su nombre”. Las escrituras igualaron a los tres líderes menos importantes del mundo con los tres más importantes[15]. Para decirte que Ieruvaal en su generación era como Moshé en su generación. Bedan en su generación era como Aharón en su generación. E Iftaj en su generación era como Shmuel en su generación. Para enseñarte que el más insignificante de los insignificantes que fue elegido como líder sobre la comunidad es como el más distinguido de los distinguidos. Y también está dicho (Deuteronomio 17:9): “Y deberás ir con los sacerdotes, los levitas, y al juez que estará en aquellos días” ¿Se te ocurriría pensar que alguien iría a ver a un juez que no está en sus días? Y sobre esto está escrito (Eclesiastés 7:10) Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos?” (TB, Rosh Hashaná 25a)

En esta hermosa sugya vemos una noción que va a contrapelo del dogma de Yeridat HaDorot. Según el Talmud la propia Torá equiparó a los grandes líderes del pueblo judío con otros líderes que vinieron en generaciones subsiguientes dandoles a todos el mismo estatus. Cada generación tiene a sus propios líderes y estos tienen el mismo valor que los líderes de generaciones pasadas. Una noción similar también la encontramos en TB Sanedrín 38b en relación a Rabí Akiva quien sobre la cual se dice que “cada generación con sus expositors y cada generación con sus sabios”. Según el Talmud el propio Adan disfrutó de las enseñanzas de Torá de Rabí Akiva y también se apenó con su muerte.

Como una prueba extra de que no todos los sabios creían y aceptaban la noción de Yeridat HaDorot Menachem Kellner nos señala la conclusion básica que presenta la famosa Mishná de Eduiot 1:5 en la cual se plantea que ninguna corte puede alterar las decisiones de una corte que la precede a menos que sea superior en número y en sabiduría. En términos talmúdicos Hevey Omer, estamos obligados a decir, que la Mishná acepta que una generación posterior puede ser no solo númerica mente más grande sino también intelectualmente mas avezada que una generación que la precedió (de otra forma está Mishná no tendría sentido).[16]

A modo de conclusión

Hemos visto aquí que en el mar de la literatura talmúdica no encontramos el principio de Yeridat HaDorot como dogma o como unica posibilidad de comprender el paso de las generaciones. Si bien es cierto que hay muchas fuentes que pueden ser utilizadas para afirmar la existencia de está noción en la época talmúdica hay muchas otras, como hemos mostrado, que presentan una noción alternativa de la evolución de las generaciones.

Ahora bien detengamonos por un instante en todas aquellas fuentes que describen de alguna manera el principio de Yeridat HaDorot. Como hemos visto las mismas no son claras en relación a si el declive es en términos de sabiduría, capacidad intelectual, condiciones espirituales o éticos. Algunas apuntan hacia un lado y otras hacia el otro. Este principio como vimos no es uniforme. Por otro lado, y aquí esta creo yo el quid de la cuestión es si está caída es “inexorable” o “circunstancial”. Inexorable me refiero a que ineludiblemente cada generación será sí o sí inferior a la anterior mientras que por circunstancial me refiero a que solamente por circunstancias externas (opresión del imperio, sublevaciones frustradas, perdida del Templo, falta de estudio, pobreza, etc.) es que las últimas generaciones son inferiores en términos intelectuales a las anteriores. Creo que nuevamente algunas fuentes apuntan a una condición inexorable (milejatjilá en términos rabínicos) y otras a una situación política y social circunstancial (bediavad en términos rabínicos).

Por otro lado una lectura literaria de la mayoría de estas fuentes también apuntaría a que estos sabios no buscaban expresar una teoría sistematica del desarollo intelectual/espiritual de la humanidad, y en particular del pueblo judío, sino más bien que exponían un sentimiento romantico del pasado.[17] Como en todo tiempo y lugar, y más en tiempos de persecusión y de minoría, los hombres y mujeres idealizan el pasado sosteniendo que “todo pasado fue mejor”. Los maestros talmúdicos, humanos ellos también, fueron presos de este sentimiento y dejaron testimonio con aquellas frases que hablan de la grandeza intelectual y espiritual del pasado frente a su pequeñez. Aparte de la añoranza de aquel glorioso pasado en estas fuentes expuestas aquí podemos encontrar también otro valor muy propio de la literatura rabínica: la humildad. En estás con lenguaje hiperbolico hablando de la grandeza del pasado en términos de oro, por ejemplo, y el presente como suciedad, o bien a los sabios del pasado con una capacidad intelectual igual a una puerta de ocho metros y a la del presente del tamaño de la cabeza de una aguja, da cuenta también de la extrema humilad y deferencia de aquellos sabios con respecto a los sabios de generaciones que los precedieron.

Así hemos demostrado que en todo el Talmud no encontramos una teoría solida y monolitica sobre el desarollo humano, ya sea en declive o en ascenso. Según Menachem Kellner será recién en el siglo X, en la épistola de Rav Sherira Gaon, donde se comenzará a vislumbrar una teoría más sistematica sobre Yeridat HaDorot (especialmente el declive intelectual y de conocimientos) y se la unirá (algo que el Talmud como hemos visto nunca hace) con el principio imperante en el sistema halájico en donde una generación posterior no puede discutir o rebatir a una generación que la precedió. Por diversos motivos y con diversos argumentos la gran mayoría de los sabios judíos de la edad media aceptarán este principio de Yeridat HaDorot[18]. La única excepción, según Menachem Kellner, es Maimonides que se opone en términos filosoficos a este principio.

Luego de repasar estas fuentes e intenar analizarlas en su contexto permítanme agregar a título de conclusión una reflexión final. Mirando nuestra realidad como comunidad judía en el 2018 ¿Podemos honestamente seguir afirmarndo y sosteniendo el principio de Yeridat HaDorot cual si fuera un dogma de fe? ¿Podemos con sinceridad decir que todas las generaciones pasadas que nos antecedieron fueron más elevadas espiritual e intelectualmente? En lo personal creo que no. De seguro que dentro de las generaciones y maestros que nos precedieron en los últimos 3000 años hubo generaciones de hombres y mujeres piadosos, hombres y mujeres estudiosos, hombres y mujeres que entregaban su vida y sus riquezas para servir a otros y para servir a Dios. Con humildad y respeto debemos analizar y sopesar cada una de las palabras de los sabios que nos antecedieron pero está humildad y respeto no nos deben conducir al estancamiento espiritual ni intelectual, sino que por el contrario deben ser la piedra para seguir construyendo.

Viendo la realidad que me rodea no puedo honestamente afirmar que Yeridat HaDorot sea una realidad sino más bien una excusa utilizada en nuestros días por un sector del judaísmo para frenar el progreso, para detener el cambio. ¿Honestamente alguien puede afirmar la pasión por el estudio de las fuentes judías en nuestra generación es inferior a las generaciones pasadas? Miles de Yeshivot en todo el mundo tienen sus Batei Midrash repletos de estudiantes deseosos de aprender más Torá, de comprender hasta el kotz de la yud de una compleja sugya. ¿Honestamente podemos afirmar que hoy tenemos menos herramientas para comprender la Torá que generaciones pasadas? Adrabá, todo lo contrario, nunca una generación tuvo tantos recursos para comprender más profundamente la Torá, el Talmud y la Halajá. Durante la edad media apenas había a disposición algunos jumashim y era difícil, sino imposible, encontrar un set de Talmud completo. Hoy tenemos a disposición toda la bibloteca judía en un Pen Drive, o en la nube. Y no solo tenemos todos los libros clásicos a disposición sino que también tenemos todos los avances en el conocimiento que nos ayudan a darle más sentido y a comprender más cabalmente cada una de nuestras fuentes consagradas. Desde la arqueología a la hisotira, de la filolología al estudio de religiones comparadas. En Estados Unidos, Israel y Europa pululan miles de intelectuales judíos (y no judíos) que dedican su vida a estudiar, con toda la tecnologíala ciencia, y la libertad acádemica a su disposición, cada uno de los aspectos de nuestra Torá y el Talmud.

En términos de Kidush HaShem, en piedad, en entrega y en actos de bondad nuestra generación tampoco se queda atrás de las generaciones que nos prescedieron. Miles son las organizaciones judías de Tzedaká y de Jesed en todo el mundo. Miles y decenas de miles son los judíos que deciden dejar la tranquilidad de sus hogares para ir a ayudar a los más vulnerables en el hemisferio opuesto. Miles y decenas de miles son los judíos que en su condición de judíos aportan al mundo su sabiduría, su arte, su dinero y su ciencia en pos de un mundo mejor.

Debemos ser humildes y reconocer la grandeza, la sensibilidad y la sabiduría de las generaciones que nos precedieron, sin embargo no debemos sucumbir ante el dogma de Yeridat HaDorot. Cada generación, y cada individuo en particular, tiene el potencial de alacanzar la grandeza espiritual e intelectual de los grandes hombres y mujeres que nos precedieron, e incluso de superarlos. Todo depende nuestro esfuerzo personal, nuestro apego a las Mitzvot y nuestro amor por la Torá.

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[1] Fuente: http://www.judaismohoy.com/article.php?article_id=934

[2] Cfr. J. Shekalim 5:1 (con ciertas diferencias)

[3] Amorá, tercera generación, Israel

[4] Ver por ejemplo b. Julin 7a y j. Demai, 1:21d.

[5] Tanto el Ulam como el Heijal eran diferentes espacios del Templo de Jerusalén.

[6] Amorá, segunda generación, tierra de Israel.

[7] Taná, quinta generación, Israel.

[8] Taná, tercera generación, Israel.

[9] Rabí Eleazar (ad. loc.) también sostendrá la misma noción.

[10] Cfr. Taanit 24a-b (con ciertas variantes).

[11] Amorá, primera generación, Babilonia.

[12] Amorá, segunda generación, Babilonia.

[13] Amorá, segunda generación, Babilonia.

[14] No obstante está noción sobre el “declive de la belleza” ya es discutido en el mismo Talmud (b. Baba Metzia 84a) trayendo como ejemplo la belleza de Rabí Yojanan.

[15] Los tres líderes menos importantes son los tres jueces nombrados a continuación: Ierubaal (Guideon), Iftaj y Bedan (Shimshon). Sus actitudes durante su liderazgo son muy cuestionables. Sin embargo el Talmud los compara con los tres líderes más importantes del pueblo judío: Moshé, Aharón y Shmuel.

[16] En términos similares, en materia de Halajá, el TB Guitin 5b, también nos dice que las últimas generaciones son mejores que las primeras a la hora de preparar los documentos de divorcio.

[17] Un claro ejemplo de este principio lo encontramos en la famosa Mishná que cierra el tratado de Sotá (9:15).

[18] Menachem Kellner cita ejemplos de Rashí, Rabeinu Nisim, Rabi Moises ben Isaac Alaskar, Rabí Iosef Caro, Maharal de Praga, Luzzato, David Nieto, etc.

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