Uncategorized

Parashat Vaygash – Los hijos de Biniamim

por diciembre 19, 2017 Sin comentarios

וּבְנֵ֣י בִנְיָמִ֗ן בֶּ֤לַע וָבֶ֨כֶר֙ וְאַשְׁבֵּ֔ל גֵּרָ֥א וְנַֽעֲמָ֖ן אֵחִ֣י וָרֹ֑אשׁ מֻפִּ֥ים וְחֻפִּ֖ים וָאָֽרְדְּ

Diez hijos tuvo Biniamin: “Bela, Bejer, Ashbel, Gera, Naamán, Ehi, Rosh, Mupim, Jupim y Ard.” (46:21). Según el Midrash cuando Iosef, aún sin revelar su verdadera identidad, se encontró con Biniamin le preguntó si tenía hijos. Este contestó afirmativamente, que tenía diez hijos y a cada uno lo nombró en “recuerdo de su dulce hermano que tenía pero que le fue arrebatado”:

Belá por cuanto fue tragado (nibla), Bejer por cuanto él era el primogénito (bejor) de su madre Rajel, Ashbel por cuanto fue secuestrado (nishba), Gerá por cuanto vive (Gar) en una tierra extraña, Naaman porque sus actos eran agradables (naim), Eji por cuanto él era mi verdadero hermano (Aji), Rosh por cuanto él era mi líder (Rosh), Mupim por cuanto era muy bueno (Iafe) en todos los quehaceres, Jupim por cuanto ni él pudo estar en mi casamiento (Jupa) ni yo en el suyo, Ard porqué se asemejaba a una rosa (vered). (Bereshit Rabbah 94:8)

Diez hijos, diez recuerdos. 22 años pasaron desde que estos hermanos, Yosef y Biniamim, fueron separados. Biniamim aún era pequeño cuando le contaron que a su hermano “lo devoró una bestia salvaje” sin embargo él nunca lo olvidó. Y cada uno de sus hijos lleva el nombre de un suceso o cualidad de un tío que hasta el momento nunca conocieron. Biniamim según el Midrash honró a su hermano asegurandose que las generaciones siguientes nunca se olvidasen de Yosef, de sus hermosas cualidades y de su terrible desgracia.

Nombrar a un hijo o una hija en recuerdo de un familiar amado es una antigua tradición judía. Los Ashkenazim lo hacen solamente con familiares ya fallecidos mientras que los Sefaradim lo hacen incluso cuando están vivos. Está hermosa tradición nos permite hacer inmortales aquí en la tierra a aquellas personas que amamos. ¡Una costumbre digna de ser transmitida de generación en generación!

Shabbat Shalom

Rab. Uriel Romano

Escribir un comentario