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Dios y los cuatro codos de la Halajá

por marzo 24, 2016 Sin comentarios

מיום שחרב בית המקדש אין לו להקדוש ברוך הוא בעולמו אלא ארבע אמות של הלכה בלבד

“Desde el día que se destruyó el Templo de Jerusalén, el Santo, Bendito Sea, no tiene en Su mundo sino solamente los cuatro codos de la Halajá”.(Talmud Babilónico, Berajot 8a)

Ulá uno de los grandes sabios de la tierra de Israel de finales del siglo III d.e.c enseñó en cierta oportunidad esta poderosa frase.[1] Sin embargo ¿Qué significa? ¿Cuál es su sentido? ¿Lo dice con orgullo o con tristeza? Tratemos de redescubrir juntos el mensaje profundo de este famoso aforismo talmúdico.

Todo texto tiene un contexto. Analicemoslo. La sugya (unidad temática) talmúdica en donde este aforismo se encuentra versa en relación a la sinagoga y a cual es el lugar predilecto para rezar. Rab Jisda[2] basado en un versículo de los Salmos[3] dice: “Dios ama más las puertas que están distinguidas con palabras de Halajá que las sinagogas y que las casas de estudio”[4] . En este contexto Rab Jisda nos dice que Dios prefiere por sobre todas las cosas la Halajá. Los stamaim[5] establecen una conexión entre este dicho de Rab Jisda con las palabras de Ulá quien dijo cierta vez que Dios no tiene lugar en este mundo por fuera de los cuatro codos de la Halajá. A lo cual los stamaim suman lo que cierta vez dijo Abaie[6] que antes de escuchar la enseñanza de rab Jisda, solía estudiar en su casa y rezar en la sinagoga, sin embargo luego decidió “solamente rezar en el lugar donde estudia”. La sugya concluye con la anécdota que otros dos sabios que vivían en la ciudad de Tiberias, aunque había allí 13 sinagogas, solo rezaban en el lugar donde estudiaban. En conclusión la sugya establece que en el lugar donde se estudia la Ley de Dios allí debe ser el lugar donde habría que buscar Su presencia a través de la plegaria.

Si bien nuestro dictum no queda codificado en la halajá, la comprensión que hace Abaie del mismo sí queda en los códigos legales.[7] Maimonides (Siglo XII, Egipto) señala que el Beit HaMidrash posee un estatus más elevado que el Beit HaKneset y dice que grandes sabios, incluso que en su ciudad hubiese varias sinagogas, no rezaban sino en el lugar que estudiaban.[8] Iosef Caro (Siglo XVI, Israel) señala también que el Beit Midrash tiene una santidad mayor que la del Beit HaKneset y que por eso es un mandamiento rezar más allí que en la sinagoga.[9]

Ahora bien ¿Cuál es la conexión entre la Dios, lahalajá y el Templo de Jerusalén? Es el Maharsha[10] (Shmuel Eidels, Siglo XVI, Polonia) el primer comentarista clásico quien se detiene en tratar de explicar cuál es la conexión entre el Templo de Jerusalén y los cuatro codos de la halajá. Él nos dice que en los tiempos del Templo había allí un atrio llamado Lishkat HaGazit en donde funcionaba el Sanedrín y de allí salía para todo el pueblo de Israel la halajá. De seguro, comenta el Maharsha, que allí reposaba sobre aquellos sabios y su decisión legal la presencia divina. Y de forma análoga desde el día que el Templo fue destruido el lugar donde cada sabio estudia Talmud que lo lleva a la fijación de una halajá debe entonces reposar también allí la presencia divina.

Según la comprensión tradicional la expresión: “Desde el día que se destruyó el Templo de Jerusalén, el Santo, Bendito Sea, no tiene en Su mundo sino solamente los cuatro codos de la Halajá” fue entendida como la importancia del estudio de la halajá por sobre cualquier otra literatura existente. En el estudio, y en la práctica de la halajá, era el único lugar donde un judío podía encontrar a Dios luego de la destrucción del centro espiritual y político del pueblo judío. Durante generaciones en múltiples oportunidades se ha pronunciado e interpretado está frase de forma positiva enfatizando la importancia de la halajá por encima de cualquier otra expresión de la vida del judío.

Permítanme ahora analizar nuevamente, parte por parte, este enigmático dicho que ha acompañado a nuestro pueblo en los últimos 1700 años de historia.

Desde el día que se destruyó el Templo de Jerusalén – מיום שחרב בית המקדש

La expresión “Desde el día que se destruyó el Templo de Jerusalén” es muy popular en la literatura rabínica clásica, especialmente en el Talmud Babilónico. 16 veces aparece esta expresión en el Talmud Babilónico, cada vez con un cierre diferente. La idea general, común a casi todas las alocuciones de esta frase, es que algo cambió plenamente luego de la destrucción del Templo de Jerusalén. La pérdida del centro nacional, político y religioso del pueblo judío marcó un antes y un después en la historia del pueblo de Israel. La expresión “Desde el día que se destruyó el Templo de Jerusalém” en boca de diversos sabios desde el siglo II d.e.c hasta el siglo IV d.e.c intenta expresar el dolor y el cambio de paradigma del pueblo de Israel – y del mundo – tras la desaparición del lugar elegido por Dios para hacer reposar allí Su presencia.

La Mishná y el Talmud utiliza esta expresión para enfatizar los cambios teológicos y filosóficos generales acontecidos luego de la desaparición del Templo; una frase similar con mucha más presencia en la Mishná (lo cual puede presuponer su origen más antiguo) “Desde que se destruyó el Templo de Jerusalén…” expresa por otro lados los cambios legales y culturales que se originaron tras la destrucción del Templo.

Las primeras referencias de esta expresión las encontramos en la Mishná (Siglo III d.e.c) allí se nos dice por ejemplo que desde aquel trágico momento que se destruyó el Templo “que no hay día sin maldición, que el rocío no cae como bendición y que a las frutas le fue quitado el sabor”[11]. En la Tosefta (finales del siglo III d.e.c) se nos dice que desde aquel día lo correcto sería vivir en un duelo eterno absteniéndose de comer carne y de tomar vino.[12] Ya en la época del Talmud se multiplican las alocuciones con esta introducción y se nos dice que tan trágico fue aquel día que desde aquel momento se cerraron los portones de la plegaria[13], el cielo ya no se ve en su estado de pureza,[14] no hay risa ni alegría para Dios[15] e incluso el nombre de Dios se contrajo de cuatro a dos letras.[16] Y estos son solo algunos ejemplos. En la mente de nuestros maestros y antepasados después de aquel fatídico 9 de Av[17] del año 70 d.e.c el mundo cambió para siempre.

אין לו להקדוש ברוך הוא בעולמו אלא ארבע אמות של הלכה בלבד – el Santo, Bendito Sea, no tiene en Su mundo sino solamente los cuatro codos de la Halajá

La segunda parte de la frase atribuida a Ulá habla sobre “los cuatro codos de la halajá”. La primera parte de esta segunda parte (valga la redundancia) la podemos entender con cierta facilidad; luego de la destrucción del Templo de Jerusalém la presencia divina se vio reducida a un espacio muy pequeño. Sin embargo ¿qué significan “los cuatro codos de la halajá”? ¿Por qué a esa medida tan particular se redujo la presencia de Dios? Para entender esta segunda parte de la expresión es importante entender el sentido profundo y la extensa utilización de los “cuatro codos” en la literatura rabínica.

Los “cuatro codos” (Dalet Amot) son una medida típica en la literatura rabínica para hablar del espacio “personal” de un ser humano. Marca un sentido de distancia o un espacio mínimo. El Talmud[18] nos dice que cuatro codos es el espacio personal de cualquier persona. Según rabí Meir esta medida surge de los 3 codos de una persona promedio más un codo de distancia para que pueda estirar sus brazos y sus piernas. En otras palabras los cuatro codos son un símbolo en la tradición rabínica para hablar del espacio individual y personal de cada hombre y mujer.

En la literatura halájica la misma es utilizada una y otra vez para hablar de distancias máximas permitidas, distancias mínimas necesarias o para hacer referencia a diversos espacios. Por ejemplo: 4 codos es la distancia máxima que una persona puede recorrer con un objeto en la vía pública en Shabat,[19] 4 codos es la distancia mínima necesaria para poder rezar si uno está cerca de un lugar hediondo. Un patio no puede ser dividido a menos que tenga 4 codos por 4 codos[20], en relación a la privacidad la Mishná[21] decreta que si dos casas son construidas una al lado de la otra por lo menos se deben dejar cuatro codos de distancia para todos los lados para no invadir la privacidad ajena. Otros ejemplos clásicos es que de la pared al Sjaj (techo) de la Sucá no puede haber una distancia mayor a los 4 codos[22]. Uno debe separarse de un templo idolátrico por lo menos cuatro codos, aunque esto implique reducir el tamaño de nuestra propia propiedad[23]. En otras palabras: los cuatro codos (aproximadamente unos dos metros) representan la medida halájica por excelencia, es un sinónimo de la halajá.

“Desde el día que se destruyó el Templo de Jerusalén, el Santo, Bendito Sea, no tiene en Su mundo sino solamente los cuatro codos de la Halajá”

Luego de analizar parte por parte, sección por sección ¿Qué significa esta expresión en boca del sabio Ula? La tradición ha comprendido esta frase como la supremacía de la halajá frente a otras disciplinas. Luego de la destrucción de la morada de Dios sólo podemos acceder a Él a través del estudio de la halajá, de Su ley. Esta ha sido, de forma general, la recepción y conceptualización de esta expresión por cientos de años. En la edad moderna se la ha utilizado también como bandera de quienes creen que la “halajá” lo es todo, que lo único (o quizás, lo más valioso) de la tradición judía es la ley, su práctica y el estudio de la misma. Ellos leían la frase de Ula con énfasis y con alegría.

El primero, quizás, de nuestros sabios de criticar la lectura simple de este pasaje fue Maimónides en su introducción a la Mishná[24]. Él decía que una lectura llana y errónea de este aforismo podría hacerle creer a la gente que la única ciencia digna de estudio es la Halajá y que todas las otras ciencias y sabidurías son desdeñables. Maimónides, apasionado lector y ávido conocedor de todos los saberes de su época, insiste en que en el estudio profundo de cada una de estás disciplinas podemos encontrar también una sabiduría sorprendente, una faceta diferente de la creación divina, y a la cual tenemos que dedicar nuestro tiempo en paralelo al estudio de la Halajá.

La crítica más severa a esta expresión llegó, sin embargo, a mediados del siglo XX a manos de Abraham Joshua Heschel, uno de los maestros más importantes del pueblo judío del siglo que nos precede. Él dice que Ula pronunció estas palabras con suma tristeza. No es una frase de victoria sino un grito en la derrota. Heschel discute con aquellos contemporáneos suyos que él denomina “pan-halajistas” quienes tratan que el discurso dominante – y exclusivo – sea el de la halajá. Heschel nos llama la atención de que Dios se ha visto reducido solamente a la halajá. Antes podíamos apreciar a Dios en Su Templo, en la naturaleza, en la historia. Ahora, interpretando las palabras de Heschel, solo creemos que podemos ver a Dios y encontrar Su presencia en los rígidos y cuadrados cuatro codos de la halajá. Antes de la destrucción del Templo Dios podía ser encontrado en otras dimensiones de la existencia humana pero la destrucción de la “morada de Dios” redujo Su presencia en el mundo; limitó la presencia de Dios únicamente a los cuatro codos de la Halajá.

Desde mi punto de vista esta frase puede ser abordada y comprendida de diversas formas. Es una frase dolorosa pero a la vez gloriosa. Es un llanto de derrota pero a su vez un grito de victoria. La halajá puede ser entendida como algo que limita, como algo que nos aprisiona; sin embargo también podemos entender a la halajá como aquello que nos libera, aquello que nos permite ver el mundo a través de los ojos de Dios (o por lo menos de la forma que los judíos comprendemos la voluntad de Dios). Los cuatro codos de la halajá nos pueden aislar de la realidad, puede ser un compartimento que nos enajena y nos vuelve insensibles de lo que sucede por fuera de sus cuatro paredes. Por otro lado aquellos cuatro codos de la halajá pueden ayudar a cada hombre y a cada mujer a sentir la presencia divina en cada acción y en cada momento.

A los ojos de Ula – podríamos interpretar – previo a la destrucción del Templo la presencia divina reposaba mayoritariamente allí, entre sacrificios, inciensos y cánticos. Sólo podían gozar entonces de la presencia divina quienes se encontraban puros, aptos y “presentes” físicamente en el atrio del Templo. Dios estaba limitado a unos pocos. Con la destrucción del Templo el encuentro con el Creador se popularizó. Dios ahora habita dentro del espacio personal de cada uno, dentro de los cuatro codos de la halajá. Dios no habita en nosotros sino que Dios puede encontrarse en nuestras acciones; en lo que nuestras manos construyen y en lo que nuestros pies pisan. Allí está (o puede estar) Dios.

Cuando el Templo aún estaba en pie a Dios se lo podía “encontrar” en tiempos determinados a través de actos predeterminados. A Dios se lo encontraba en los sacrificios matutinos y vespertinos, en las festividades, en cada Shabat y en cada luna nueva. A Dios se lo buscaba con sacrificios animales, vegetales o con donaciones al Templo. La vida religiosa se limitaba a eso (y no mucho más). Sin embargo luego de la destrucción del Templo los rabinos, a través de la halajá, propusieron que a Dios se lo puede encontrar en cada lugar, en cada momento, en cada acción. Dios puede estar presente en la forma que dormimos, en la forma que comemos, en la forma que rezamos, en la forma que vamos al baño, en la forma que nos cambiamos, en la forma que saludamos, en la forma que estudiamos, en la forma que tratamos al prójimo; en otras palabras, Dios puede ser descubierto en cada momento. Dios tiene una enseñanza (materializada en la halajá) para cada circunstancia de la vida.

“Desde el día que se destruyó el Templo de Jerusalén, el Santo, Bendito Sea, no tiene en Su mundo sino solamente los cuatro codos de la Halajá”. Puede ser leído con una sonrisa en nuestras caras o con lágrimas en los ojos. Puede ser una lamentación o palabras de aliento. Nos puede encerrar o nos puede liberar. En nuestros días donde los pan-halajistas se reproducen y se rigidizan cada día aún más es necesario ser cuidadosos en cómo leemos esta frase. En nuestros días también, cuando tantos judíos se alejaron de la Torá y de las Mitzvot, hay que recuperar la centralidad de esta enseñanza. Como mucho en la vida todo depende de cómo decidamos mirarlo y como queramos vivirlo.

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[1] Esta expresión se encuentra una sola vez en el Talmud Babilónico (TB) pero luego es reproducida en una gran cantidad de fuentes legales (en su mayoría) comenzando con la literatura de los Geonim.

[2] Amora contemporáneo a Ulá de finales del siglo III d.e.c (segunda y tercera generación) pero de Babilonia. Fue el Rosh Yeshiva de la ciudad de Sura.

[3] “Ama Adonai las puertas de Sion, Más que todas las moradas de Jacob” (Salmos 87:2)

[4] En esta ocasión el término Batei Midrash (casas de estudios) hace referencia a los lugares de enseñanza de Agadá, la tradición alegórica y exegética rabínica, y no Halajá. El Maharsha, basado en un pasaje de TB Baba Metiza 33a, señala que aquí se debe hacer referencia a diversos Batei Midrash donde no se estudia Talmud y Halajá sino Biblia o Mishná, los mismos poseían un estatus inferior a los otros. Por otro lado Rabeinu Iona al Rif -Berajot 4a- señala que por sobre todas las cosas Dios prefiere un lugar donde se estudia de forma fija la halajá y no los Batei Midrash donde ocasionalmente se estudian ciertos pasajes de las escrituras o material agádico (homilético).

[5] Sabios de las academias de Babilonia que editan y organizan lo que hoy conocemos como el Talmud en el siglo VI-VII aproximadamente

[6] Abaie (su nombre original era Najmani) fue uno de los más destacados amoraim de Babilonia de la generación posterior a la de Ulá.

[7] Ver por ejemplo: Shelitot deba Ajai, Parashat Vaitze 22, Rif Brajot 4a, Rosh Brajot 1:7, Sefer Halajot Gdolot, Brajot 5 “וצורבא מרבנן מתבעי ליה לצלויי בדוכתא דקביע ליה דיתיב וגריס דכתב (תהלים כו, ח) ה’ אהבתי מעון ביתיך.”

[8] Mishné Torá, Hiljot Tefila 8:3

[9] Shuljan Aruj, Oraj Jaim 90:18

[10] En su comentario a TB Berajot 8a

[11] Mishná, Sotá 9:12 (Paralelo Tosefta Sotá 15:2)

[12] Toseftá Sotá 15:10

[13] TB Brajot 32b

[14] TB Brajot 59a

[15] TB Avoda Zará 3b

[16] TB Eruvin 18b: “ דיו לעולם שישתמש בשתי אותיות”

[17] Según la cronología tradicional judía. Ver Mishna Taanit COMPLETAR

[18] TB Eruvin 48a

[19] Mishná Shabat 11:3-4 (y múltiples otras fuentes)

[20] Mishná Baba Batra 1:6

[21] Baba Batra 2:4

[22] Mishná Suca 1:10

[23] Mishná Avodá Zará 3:6

[24] והתבונן בדברים אלו, שאם תבינם כפשטם ייראו בעיניך רחוקים מאד מן האמת, כאלו ארבע אמות של הלכה בלבד הם התכלית, ולהזניח שאר המדעים והחכמות, ובזמן שם ועבר ושאחריהם שלא היתה הלכה בלי ספק שלא היה להקב”ה בעולמו כלום. אבל אם תתבונן בדברים אלו התבוננות מעמיקה, תמצא בזה חכמה נפלאה, ותמצאהו כולל הרבה מן המושכלות…

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