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Parashat Vaigash | ¿Por qué somos judíos?

por diciembre 23, 2014 Sin comentarios

¿Por qué no somos Reubenitas, Shimonitas o Levitas? ¿Por qué recibimos el nombre de Iehudim (judíos)? Como todos sabemos en el mundo antiguo, y la Torá no es la excepción, el primogénito era el privilegiado. El primogénito recibía la doble porción de la herencia, la bendición del padre y el legado del mando y la administración de las tierras y la tribu de su progenitor. Sin embargo el espíritu revolucionario bíblico subvierte el orden en toda ocasión. No será “primogénito” quien primero nace sino que será quien se lo merece. Abraham no era el primogénito, sin embargo fue el elegido y el que eligió a Dios. Ishmael era el primogénito biológicamente mas la continuidad del pueblo estuvo en manos de Itzjak. Yaakov no era el sucesor natural sino que con artimañas y engaños tomó la primogenitura de su hermano Esav, convirtiéndose así, tiempo después en Israel, quien le da uno de los nombres a nuestro pueblo.

Y entonces ¿quién era el heredero de Yaakov? El primogénito de de Yaakov fue Reuben sin embargo no tomamos su nombre, no somos reubenitas. Tampoco tomamos el nombre del segundo o del tercer hijo que Yaakov tuvo con Lea. No somos ni Shimonitas ni Levitas. Tomamos el nombre de Iehudim, judíos, por el cuarto hijo de Yaakov: Iehuda. La pregunta que nos debe inquietar es ¿Por qué? ¿Por qué ni Reuben, Shimon o Levi pudieron ser los dignos sucesores y continuadores de Israel?

La propia Torá, a su manera particular, nos explica este fenómeno. Ni Reuben, ni Shimon ni Levi estuvieron a la altura moral para convertirse en el nombre del pueblo de Dios. Reuben comete dos grandes trasgresiones en el libro de Bereshit: se acuesta con la concubina de su padre, con Bilah, y en segundo lugar sugiere tirar al pozo a Iosef para que allí muera. Reuben toma lo que no le pertenece y sugiere asesinar sin mancharse las manos de sangre. Por esta razón cuando Iaakov está por morir y bendice (o maldice, como veremos) a cada uno de sus hijos a Reuben le dice lo siguiente: Rubén, tú eres mi hijo mayor; eres mi primer hijo, la primera prueba de mi fuerza; tienes el primer lugar de honor y el primer lugar en poder. Pero me ofendiste gravemente, pues te acostaste con una de mis mujeres. Por eso ya no serás el primero, pues eres como el mar, que no se puede controlar. (Bereshit 49:3-4)

Si Reuben no podía ser el sucesor del pueblo elegido podrían haber sido tanto Shimon como Levi, sus sucesores naturales. Sin embargo ellos también son descartados por la propia Torá para dirigir al pueblo de Israel. Shimon y Levi, algunos capítulos atrás, asesinan a un pueblo completo, a los habitantes de Shjem, por la violación de su hermana Dina. Su hermana fue mancillada por el príncipe de aquella ciudad mas ellos en represaría no solo se cobraron la vida de aquel soberano sino de todos sus súbditos y luego saquearon la ciudad. No podían dejar impune el crimen de su hermana mas intentado hacer justicia por mano propia se convirtieron en asesinos y saqueadores. Por eso Iaakov al fin de sus días les dice: »Simeón y Leví son como fieras que atacan siempre con violencia. No quiero estar con ellos, ni andar en su compañía, porque en un arranque de enojo mataron gente y despedazaron toros. ¡Maldita sea su furia! ¡Maldita sea su crueldad! (Ibíd. 5-7)

Y entonces quedó el cuarto hijo. ¿Cuál fue el merito de Iehuda? Hace unas semanas leíamos que Iehuda le salva la vida a su hermano Iosef al sugerirles a sus hermanos que no lo maten sino que lo vendan como esclavo. Iehuda sabe que si pide salvarle la vida sus hermanos no solo matarán a Iosef sino que a él también, por eso sugiere un punto intermedio, venderlo como esclavo con el fin de salvarle la vida. Nuestra parashá comienza con las palabras: “Vaigash Elav Iehuda – Y se acercó a él (a Iosef) Iehudá”. Esta parashá que marcará el fin de los 22 años de desesperación de la familia de Yaakov tras la desaparición de su hijo Iosef comienza con el acercamiento de Iehuda. Iehuda se aproxima a Iosef y le cuenta las vicisitudes de su familia y arriesga su propia vida al sugerirle a Iosef que en vez de dejar a Biniamim en Egipto, él mismo tomará aquel lugar para evitarle más sufrimientos a su padre. En ese instante Iosef irrumpe en llantos y no puede controlarse más y le dice a sus hermanos: “Ani Iosef – Yo soy Iosef”.

Por el merito de Iehuda, Yosef recobra su identidad. Por el merito de Iehuda nuestra identidad se ve marcada con un nombre: Iehudim. Somos judíos por la valentía y la mesura de Iehuda.  Yosef solamente puede volver a ser parte de su pueblo cuando encuentra en su hermano Iehuda la viva imagen de un hombre de bien, de un hombre de Dios.

Ser judío, tal como el ser primogénito en la Biblia, no es una cuestión de sangre, no es un privilegio por haber nacido primero o haber nacido de un vientre judío. Ser judío es actuar a imagen y semejanza de quien dio nombre a nuestro pueblo. Hay que ganarse el titulo de ser Iehudí. Ser judío es aprender a actuar con mesura, a buscar el punto medio y la conciliación. Ser judío es arriesgarse por lo que uno cree, es preocuparse y ocuparse del semejante. Ser judío es aprender a acércanos con la palabra y no con la espada. Solamente cuando somos y actuamos como judíos, en vez de solo llamarnos judíos, es que el otro –quien está alejado- encontrará su camino de vuelta a su pueblo porque encontrará en él un pueblo digno de ser llamado “el pueblo de Dios”.

¡Shabat Shalom!

Sin comentarios

  • Rita dice:

    Esta es una drashá muy linda y enriquecedora. Me permito agregar que los judíos comenzamos a llamarnos así después de la división entre el reino de Israel y el reino de Judea (año 930 a.d.c. aprox.). Los habitantes del reino de Israel fueron conquistados por Asiria y con el tiempo se asimilaron a otras culturas, mientras que los habitantes de Judea mantuvieron su fe y su cultura hasta hoy.
    Gracias, Rita.

  • milagros1234567 dice:

    Es de lo mas hermoso que he leido en mi vida, muchas gracias,pero , muchas gracias!!.

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