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Parashat Emor | Zerá Israel, simiente del pueblo judío

¿Quién es judío? ¿Todo aquel que se sienta judío? ¿Quién nace de madre judía? ¿Quién tiene ascendentes judíos? ¿A quien el Estado de Israel lo reconoce como tal? El judaísmo es complejo y diverso, la definición de quien es judío no podía ser de otra manera.

Para quienes sostenemos la Halajá (ley judía) como la rectora fundamental del pueblo judío comprendemos que “es judío” aquel que nace de madre judía o se convierte, según lo estipula la propia halajá, al judaísmo. El concepto de la matrilinealidad se arraiga en la siguiente Mishná (Kidushin 3:12): “Cuando los esponsales con aquel hombre no han sido válidos, ni tampoco podían serlo con otro hombre, el nacido tiene la condición de la madre. ¿Cuándo ocurre esto? Cuando es el nacido de una esclava o de una gentil”. La Mishná, primer documento de la tradición rabínica, establece que si un hijo nace de un padre judío y de una madre no judía el hijo “adopta” la condición de la madre, es decir “gentil”. Las motivaciones para esta reglamentación pueden ser varios: a) Biológico: el bebe es gestado primordialmente por la madre. b) Cultural: la gran mayoría de la aculturación del niño y su cuidado son hechos por la madre. c) Practica: la identidad de la madre es conocida (por ser ella quien pare al hijo) mas la identidad del padre no es certera. Más allá de las motivaciones la halajá por los últimos 2000 años ha establecido que es judío quien nace de madre judía.

Está introducción me permite ahora compartir con ustedes un fragmento extraño y problemático de nuestra Parashá (Vaikrá 24:10-12): “Entre los israelitas vivía un hombre, hijo de madre israelita y de padre egipcio. Y sucedió que un día este hombre y un israelita iniciaron un pleito en el campamento.  Pero el hijo de la mujer israelita, al lanzar una maldición, pronunció el nombre del Señor; así que se lo llevaron a Moisés. El nombre de su madre era Shelomit hija de Dibrí, de la tribu de Dan. Y lo pusieron bajo arresto hasta que el Señor les dijera qué hacer con él.” La historia continua y aquel hombre que blasfemó e insultó a Dios fue condenado a muerte.

La Torá es oscura y no revela muchos detalles de este episodio. Sólo se nos dice que un hombre, nacido de una mujer judía y de un hombre egipcio, blasfemó a Dios. ¿Por qué blasfemó y maldijo este hombre al Eterno? ¿Cuál fue la causa de su angustia y enojo? La Torá calla pero el Midrash nos revela que pudo haber pasado. En el Midrash Sifrá (Parashat Emor, capitulo 14) se nos dice: “Y salió el hijo de la mujer israelita” ¿De dónde salió? Del tribunal rabínico de Moshé, ya que él pensó en poner su carpa dentro del campamento de la tribu de Dan. Ellos le dijeron a él: ¿Cuál es tu naturaleza [y tu motivo] por el cual crees que pueden establecerte dentro del campamento de Dan? Él les dijo: “Yo soy [simiente] de las hijas de Dan”. Le dijeron a él: las escrituras dicen (Bemidbar 2:2): “Cada hombre de acuerdo a la bandera de las casas de su padre acamparán los hijos de Israel”. Entró al tribunal rabínico de Moshé y salió culpable, por lo cual se paró y maldijo a Dios.”

 Aquel hombre, hijo de una mujer judía y de un padre egipcio, blasfemó a Dios. Maldijo a Dios por cuanto el pueblo de Israel, del cual él se sentía parte, no lo dejó habitar en su suelo y con su gente. Los Tosafistas, rabinos franceses del siglo XI, enseñaban que de antes de la entrega de la Torá el judaísmo era patrilineal mas con la entrega de la Torá el judaísmo pasó a ser un legado que se obtiene por el lado materno. Los académicos bíblicos modernos afirman lo mismo que aquellos maestros franceses pero lo extienden a casi todo el periodo bíblico indicando que no es sino hasta el siglo V a.e.c con las políticas de Ezra, que el judaísmo pasa a ser matrilineal. Algunos otros académicos indican que la consolidación de la matrilinealidad no se dio sino hasta el periodo romano. Aquel hijo de madre judía y de padre no judío que nos narra nuestra parashá, a los ojos de su generación no era judío.

Hoy, la historia se dio vuelta. Hoy un hijo de una madre judía y de un padre (digamos por decir) chino sería 100% judío de acuerdo a los cánones de la halajá. Sin embargo en nuestros días somos nosotros, el Majané (campamento) de Israel quien expulsa a aquellos que se sienten parte de nuestro pueblo pero que no lo son según la legislación existente. Hoy en día hay muchos hijos de “mujeres egipcias y de padres israelitas” a los cuales no les permitimos plenamente poner su carpa, y crear así un hogar, dentro del pueblo judío. Y estos cientos de miles de judío y judías por herencia paterna blasfeman a Dios y al pueblo judío con razón ya que ellos quieren ser parte de este pueblo, de su cultura y de sus vivencias y nosotros no se lo permitimos.

Ya los sabios medievales distinguieron entre quienes no tienen ninguna “herencia” familiar judía de aquellos nacidos de padre judío y madre no judía. Los sabios los denominaron “Zerá Israel”, simiente de Israel. Si bien no son judíos de acuerdo a lo que la ley establece tampoco son ajenos al pueblo de Israel, son una parte constitutiva de nuestro pueblo. Son cientos de miles de jóvenes que con el correr de los años se multiplica que desean vivir una vida judía plena pero que los marcos (mayoritarios) de nuestras instituciones no se lo permiten. Algunos dicen directamente que no son judíos y otros los tratan como judíos de segunda clase.

Yo no soy de los que cree que el Klal Israel, la Colectividad judía en mayúsculas, está preparada para generar un cambio en la halajá y volver a adoptar la patrilinealidad (a la par que la matrilinealidad) para la definición de judeidad. Sin embargo creo en el concepto de Zerá Israel, creo que hay que abrir las puertas de par en par a todos aquellos que son parte de nuestro pueblo para que puedan vivir una vida judía plena. Creo, y estoy convencido, de que su conversión debe ser sólo un paso formal para que ellos mismos puedan sentirse plenos en su condición de judíos y para que todos los demás también puedan aceptarlos como tales. Las conversiones deben ser cortas, sencillas y significativas para cada uno en particular de acuerdo a su acercamiento o alejamiento del judaísmo.

El hijo de unas de las hijas de Dan permanece anónimo en nuestra Parashá. Se desconoce su nombre. Hoy en día, en cada una de nuestras familias y comunidades, hay cientos de miles de anónimos que desean fervientemente recibir un nombre y ser nombrados y considerados por la comunidad de la cual se sienten parte. Quiera Dios que podamos hacer que cada hombre y mujer de Zerá Israel, de la simiente eterna de nuestro pueblo, que desean plantar su carpa en nuestro campamento encuentren tierra firme para hacerlo.

Shabat Shalom uMeboraj!

A continuación les traigo las fuentes originales y completas que fueron utilizadas en este breve Dbar Torá:

משנה מסכת קידושין פרק ג

[יג] כל מקום שיש קדושין ואין עבירה הולד הולך אחר הזכר ואיזה זו כהנת לויה וישראלית שנשאו לכהן וללוי וישראל וכל מקום שיש קדושין ויש עבירה הולד הולך אחר הפגום ואיזו זו אלמנה לכהן גדול גרושה וחלוצה לכהן הדיוט ממזרת ונתינה לישראל בת ישראל לממזר ולנתין וכל מי שאין לה עליו קדושין אבל יש לה על אחרים קדושין הולד ממזר ואיזה זה הבא על אחת מכל העריות שבתורה וכל מי שאין לה לא עליו ולא על אחרים קדושין הולד כמותה ואיזה זה ולד שפחה ונכרית:

ויקרא פרק כד

(י) וַיֵּצֵא בֶּן אִשָּׁה יִשְׂרְאֵלִית וְהוּא בֶּן אִישׁ מִצְרִי בְּתוֹךְ בְּנֵי יִשְׂרָאֵל וַיִּנָּצוּ בַּמַּחֲנֶה בֶּן הַיִּשְׂרְאֵלִית וְאִישׁ הַיִּשְׂרְאֵלִי:(יא) וַיִּקֹּב בֶּן הָאִשָּׁה הַיִּשְׂרְאֵלִית אֶת הַשֵּׁם וַיְקַלֵּל וַיָּבִיאוּ אֹתוֹ אֶל מֹשֶׁה וְשֵׁם אִמּוֹ שְׁלֹמִית בַּת דִּבְרִי לְמַטֵּה דָן:(יב) וַיַּנִּיחֻהוּ בַּמִּשְׁמָר לִפְרֹשׁ לָהֶם עַל פִּי יְקֹוָק:

ספרא אמור פרשה יד

פרשה יד ויצא בן אשה ישראלית מנין יצא מבית דינו של משה שבא ליטע אהלו בתוך מחנה דן, אמרו לו מה טיבך ליטע בתוך מחנה דן, אמר להן מבנות דן אני אמרו לו הכתוב אומר איש על דגלו באותות לבית אבותם יחנו בני ישראל, נכנס לבית דינו של משה ויצא מחוייב ועמד וגידף,

 

Sin comentarios

  • Benayahu dice:

    Hola, soy converso y debo confesarte que no estoy para nada de acuerdo con tu artículo. Cuando vivía en Colombia, ninguna de las personas que pasaron una supuesta conversión tenían real interés en el judaísmo. Sólo aparecen en el beit hakneset para Rosh Hashanah y Kippur, en el mejor de los casos. Todos saben bien -ellos y nosotros- que pasan esa supuesta conversión para ser aceptadas en las familias de sus respectivas parejas. Ni que hablar que los supuestos rabinos que realizan esas conversiones express cobran un buen dinero por “tratar” cada caso.

    La consecuencia es que los niños de estas familias viven entre árboles de navidad y matzot, sin tener idea alguna de su identidad. Sus padres no les pueden explicar nada porque no tienen un interés real en el judaísmo y prefieren la conversión express, que no exige ningún compromiso.

    Esta situación no ocurre sólo en Colombia, sino también en Chile, Brasil, Argentina y otros lugares de donde provienen otros guerim que he conocido y me han contado la misma situación. El judaísmo es una cuestión de responsabilidad. Da igual si la mayoría de los judíos no se lo toman en serio. Ese no es motivo para bajar el listón y permitir cualquier cosa. El judaísmo surge en Sinai con la entrega de la Torá, no con los knishes, el maude, los rikudim ni los derechos humanos.

    Sólo los verdaderos guerim sabemos la diferencia entre pasar una conversión en serio y una que es para conformar a la familia o a la pareja. ¿Cómo van a formar un hogar judío nada más sabiendo los nombres de las festividades, de los patriarcas, y que al sábado se le llama Shabat? Si a alguien realmente le interesa ser parte de este pueblo, debe procurar conocer bastante más. Debe saber que está ingresando en algo sagrado, en una tradición milenaria, debe conocer la estructura general de la halajá, la importancia de la Torá Oral como receta de la Torá escrita, que son los ingredientes.

    Es cierto que no todos somos iguales, no todos tenemos el mismo tiempo, las mismas ganas, el mismo esfuerzo. Pero nadie está obligado a ser judío. Ahora, si uno realmente quiere ser parte, debe saber que no se trata de ser socio de un club, sino ser parte del pueblo elegido por Di-s. Y cuando se pretende minimizar la Torá en una cuestión de derechos humanos y relativismo moral, entonces no hay mucha diferencia entre la Torá y el hippismo o cualquier otra ideología humanista, jas veshalom. La Torá no depende de lo que uno siente. No importa quién se quiera sentir judío, cuántos sean ni cuánto lo deseen. El judaísmo no es un sentimiento. No es fútbol. Es responsabilidad con las mitzvot que Hashem nos legó para lograr nuestra plenitud personal y en nuestra relación con el prójimo. Todos los guerim que hemos pasado un largo y justificado camino para ser judíos entendemos bien que hacer express el profundo contenido de la Torá es una falta de respeto y una falta de compromiso para todos aquellos que sí se toman en serio lo que significa ser judío.

    Nadie tiene derecho a juzgar a nadie. Pero aquí no se trata de si yo o los guerim que conozco somos o no mejores personas que los que hacen trámites express. Eso sólo lo sabe Hashem. Así también vemos en Meguilat Rut que a Rut no le fue fácil la conversión. Y seguro que gente como Rut, Onkelos, o los antepasados de Rabí Akiva, tenían un amor mucho más grande por la Torá que el que se tiene hoy en día. Y no por eso se les allanaba el camino. Para que alguien demuestre que le importa el judaísmo, como para demostrar que a alguien le importa cualquier cosa, hay que colocar exigencias. Y dados los miles de guerim que conozco que han transitado duras conversiones, más allá de la condición social de cada uno, la inteligencia o el nivel de motivación, y que hoy son felices de vivir como judíos íntegros, no se puede decir que la conversión express tenga algún sentido más que ser un trámite para acallar críticas de aquellos que no desean esforzarse demasiado.

    Me gustaría Uriel que publiques este mensaje y se pueda abrir un debate real sobre las conversiones. Porque no conozco un sólo converso en el mundo, que haya transitado una conversión express, y que demuestre que el judaísmo le importa. No se trata de leerle la mente a nadie. Se trata de que se casan y desaparecen de las comunidades. Se trata de que no le dan una educación judía a sus hijos. Se trata de que se ofenden si se habla mal del Papa más que si se habla mal de un rabino. Se trata de que eso no es una conversión, es un trámite y nada más. Para que alguien se convierta en alguien nuevo, debe cambiar su vida. ¿Cómo se le puede llamar sino conversión?

  • Jack dice:

    Pienso que el comentario de Benayahu no tiene nada que ver con el artículo, respecto a lo que indica Uriel en su artículo estoy de acuerdo, algún día se revisará la Mishná porque Vaikrá 24:10-12 y tantos otros textos de la Toráh como Shmot 2:16-21 sobre el caso del mismo Moisés son bastante claros, hay que recordar que el linaje judaico del mismo Rey David viene por su padre.El judaísmo en cada generación tiende a perder las hijas e hijos de sus hijos, eso no es bueno, pero falta un grupo de mentes lúcidas que al parecer aún no estan.

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