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Parashat Kedoshim | Ki Ani Adonai

por abril 25, 2014 Sin comentarios

Ki Ani Adonai, Porqué yo soy Dios. 3 palabras en hebreo, 4 en español. Aquí podríamos concluir, en lo que sería la predica más corta de la historia. Si Dios dice, nosotros hacemos. No cuestionamos. Sin embargo, somos judíos, y como judíos cuestionamos. Es casi un deber moral cuestionar.

Sin embargo “Ki Ani Adonai” es la conclusión de las dos palabras más hermosas de la Torá. Este Shabat la tradición judía nos confronta con el texto más hermoso y desafiante de la Torá. Todo se resume en dos palabras. Kedoshim Tihu. Santos Serán. La Torá nos llama a la santidad. La Torá nos invita a ser santos. Este es el imperativo más importante de la historia.

Ahora bien. El mandato a ser santos concluye con las palabras: Ki Kadosh Ani Adonai, porque santo soy yo Dios. El imperativo categórico de ser santos nos dice que así debemos serlos porque Dios también lo es. Debemos imitar a Dios. Imitatio Dei lo llamaban los griegos. Ahora bien, podríamos preguntar ¿Por qué dice que debemos ser santos porque Dios lo es? ¿Por qué la Torá aclara el motivo? ¿Por qué no concluye simplemente con las palabras Kedoshim Tihu?

Así abre nuestra Parashá, diciendo Kedoshim Tihu. Sin embargo la frase “Ani Adonai”, yo soy Dios, como justificación del cumplimiento de las mitzvot, aparece en casi todos los mandatos enumerados en nuestra parashá. Los invito entonces a escuchar la cadencia hermosa de mandamientos que aparecen en está parashá. Los invito a escuchar y no a leer porque la Torá fue escrita para ser narrada no para ser leída. La Torá es un texto diseñado para ser escuchado. Ahí vamos:

אִישׁ אִמּוֹ וְאָבִיו תִּירָאוּ, וְאֶת-שַׁבְּתֹתַי תִּשְׁמֹרוּ: אֲנִי, יְהוָה אֱלֹהֵיכֶם
Respetarás a tu padre y a tu madre. Yo, soy Adonai su Dios.

וּבְקֻצְרְכֶם אֶת-קְצִיר אַרְצְכֶם, לֹא תְכַלֶּה פְּאַת שָׂדְךָ לִקְצֹר; וְלֶקֶט קְצִירְךָ, לֹא תְלַקֵּט. י וְכַרְמְךָ לֹא תְעוֹלֵל, וּפֶרֶט כַּרְמְךָ לֹא תְלַקֵּט: לֶעָנִי וְלַגֵּר תַּעֲזֹב אֹתָם, אֲנִי יְהוָה אֱלֹהֵיכֶם
Dejarán las esquinas de sus campos para el pobre y para el extranjero. Yo Adonai su Dios.

לֹא, תִּגְנֹבוּ; וְלֹא-תְכַחֲשׁוּ וְלֹא-תְשַׁקְּרוּ, אִישׁ בַּעֲמִיתוֹ. יב וְלֹא-תִשָּׁבְעוּ בִשְׁמִי, לַשָּׁקֶר: וְחִלַּלְתָּ אֶת-שֵׁם אֱלֹהֶיךָ, אֲנִי יְהוָה
No robarán, no mentirán y no mancillaran el nombre de Dios en vano. Yo soy Dios.

יג לֹא-תַעֲשֹׁק אֶת-רֵעֲךָ, וְלֹא תִגְזֹל; לֹא-תָלִין פְּעֻלַּת שָׂכִיר, אִתְּךָ–עַד-בֹּקֶר. יד לֹא-תְקַלֵּל חֵרֵשׁ–וְלִפְנֵי עִוֵּר, לֹא תִתֵּן מִכְשֹׁל; וְיָרֵאתָ מֵּאֱלֹהֶיךָ, אֲנִי יְהוָה
No oprimirás a tu projimo, no te quedarás con el salario del jornalero, no maldecirás al sordo, ni pondrás tropiezo delante del ciego. Yo, Adonai.

טו לֹא-תַעֲשׂוּ עָוֶל, בַּמִּשְׁפָּט–לֹא-תִשָּׂא פְנֵי-דָל, וְלֹא תֶהְדַּר פְּנֵי גָדוֹל: בְּצֶדֶק, תִּשְׁפֹּט עֲמִיתֶךָ. טז לֹא-תֵלֵךְ רָכִיל בְּעַמֶּיךָ, לֹא תַעֲמֹד עַל-דַּם רֵעֶךָ: אֲנִי, יְהוָה.
No engañarás en el juicio. Con justicia juzgarás a tu pueblo. No te quedarás inmóvil ante la sangre de tu prójimo. Yo, Adonai.

לֹא-תִשְׂנָא אֶת-אָחִיךָ, בִּלְבָבֶךָ; הוֹכֵחַ תּוֹכִיחַ אֶת-עֲמִיתֶךָ, וְלֹא-תִשָּׂא עָלָיו חֵטְא. יח לֹא-תִקֹּם וְלֹא-תִטֹּר אֶת-בְּנֵי עַמֶּךָ, וְאָהַבְתָּ לְרֵעֲךָ כָּמוֹךָ: אֲנִי, יְהוָה.

No odiarás a tu hermano en tu corazón, no te vengarás ni guardaras rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Adonai.

El texto repite una y otra vez. Yo, Adonai. Este es el justificativo que subyace a todos los mandamientos que aparecen en nuestra parashá. La sucesión de mandamientos, la cadencia y la repetición acompañan el relato para concluir con la mitzvá de las mitzvot: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La pregunta continúa ¿Por qué al final de cada una de estas enseñanzas morales se dice “Yo soy Dios”? Está es la pregunta que me pregunto, y les pregunto a ustedes este Shabat.

Quisiera compartir con ustedes mi humilde respuesta. La moral judía se funda en un imperativo divino –Ki Ani Adonai-. El Kedoshim Tihu, el canon supremo de la moralidad, es un mandato divino. La moral judía no es el resultado de nuestro pensamiento natural o de nuestro “sentido común”. No porque algo sea lógico, porque algo sea lo “natural”, porque todos lo hacen, sino, solamente porque Ani Adonai. El justificativo y la base de la moral de nuestro pueblo no están en la razón sino en la fe. Cuando algo es meramente lógico en el momento de crisis falla, se quiebra. Cuando el imperativo es Divino el mandato es más fuerte y busca perpetuarse a pesar de las crisis y de las adversidades. Ser una persona moral en una ciudad donde todos sus ciudadanos son morales no es ningún logro, serlo cuando el mundo se ha pervertido es el mayor de los logros.

La moral griega era naturalista: si uno conocía el bien así debía obrar. La moral funcionaba como lo hace la naturaleza; por leyes. Si uno conocía el bien y lo correcto y no actuaba de acuerdo a aquellos principios uno estaba “enfermo”. En la concepción griega no existía el concepto de “sé que algo es lo correcto pero DECIDO no actuar de está forma”.

La moral de la Biblia, en cambio, es volutiva: podemos saber que es lo correcto y aún abstenernos de actuar de aquella forma. No estamos enfermos, no tenemos una falla interna que no nos permite actuar como es debido, simplemente elegimos no actuar de aquella forma. El ejemplo más paradigmático: el medico sabe racionalmente que está mal fumar, y sin embargo lo hace. En Grecia este medico hubiera sido considerado un enfermo. En el antiguo Israel el sería considerado un trasgresor. Porque Ani Adonai lo ordena y él decide voluntariamente no cumplir. La moral judía no se basa en la naturaleza sino en la voluntad.

El canon de la moral judía no nos plantea cuestiones naturales, cuestiones lógicas sino todo lo contrario. No es natural no vengarnos, sin embargo nuestro amor por Dios (y aquí radica la esencia del Ani Adonai) debe ser más grande que nuestro odio y esto debe ayudarnos a doblegar nuestra ira y enojo.

Antes de terminar me gustaría compartir con ustedes una pregunta más que se formula Maimónides. El más grande de los filósofos judíos se pregunta en su introducción al código moral judío, Pirkei Avot, llamado Shomna Prakim (capitulo seis): ¿Es mejor alguien que por naturaleza cumple la ley? O bien ¿Es mejor que alguien aún deseando violar la ley doblegue su voluntad? Él abre la pregunta. ¿Es mejor no odiar naturalmente o sentir animosidad ante alguien y vencer nuestras pasiones? ¿Es mejor no tener deseo de un sándwich de jamón y queso o bien tenerlo y aún así abstenerse de comerlo? Hay quienes que por “naturaleza” no guardan rencor. Hay otros que a pesar de por “naturaleza” guardar rencor, deciden sobreponerse a esta flaqueza y vencer sus impulsos. ¿Cuál de los dos es preferible?

Shabat Shalom

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