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Parashat Pekudei – El secreto de la Vav

por febrero 27, 2014 Sin comentarios

Los sofrim (escribas) tienen la tarea sagrada de poner sobre el pergamino la palabra de Dios. A través de sus manos se plasman en miles de millares de Sifrei Torá, el mensaje del Eterno para la humanidad. Está tarea milenaria está plagada de rituales y de costumbres, las cuales varían de comunidad en comunidad. Quiero compartir con ustedes una de las costumbres para mí más hermosas que los sofrim nos regalan.

La Torá, escrita sobre un pergamino de cuero animal, lleva por lo general 248 columnas (Amudim). 248 como los mandamientos positivos, 248 invitaciones de Dios a transformar la rutina en un acto sagrado. Hace unos 200 años se extendió la costumbre entre los sofrim de comenzar cada una de esas columnas con la letra vav (la sexta letra del alfabeto hebreo). La próxima vez que se acerquen a un Sefer Torá podrán apreciar que cada una de las columnas comienzan con la vav. Este fenómeno se repite en casi la totalidad de las columnas, con excepción de 5. Un caso similar se evidencia en los rollos de Ester donde la mayoría de sus columnas comienzan con la palabra Hamelej (el rey). Lo que comenzó como un Hidur Sofrim, un embellecimiento de los escribas del texto bíblico, contiene hermosas enseñanzas para nosotros, sus lectores.

En nuestra parashá, la última del libro de Shemot, Moshé comienza a hacer un inventario de todo lo que se utilizó para la construcción del tabernáculo. En uno de sus recuentos (Shemot 38:28) Moshé dice que se utilizaron 1775 Shekels para hacer “ganchos para las columnas”. En hebreo: “Vavei LaHamudim”. Y los sofrim leen este pasaje como si dijera: “las letras vav y sus columnas”. De aquí surge está hermosa tradición. Ahora bien ¿Cuál es el sentido detrás de esta costumbre de los sofrim?  ¿Por qué comenzar cada columna de la Torá con la letra vav?

En hebreo la vav es el “y” del español. La vav al comienzo de cada columna nos llama a que prestemos atención a que siempre hay algo más por detrás de la literalidad del texto. Que el relato bíblico no es un texto cerrado sino que siempre está abierto a algo más. El texto bíblico no es completo en sí mismo, está a la espera del lector, de sus preguntas y de su lectura.

La vav, nos demanda siempre más. Es el “¿y qué más?” que nos dicen los que nos aman y los que saben que siempre podemos dar más. Es la pregunta eterna de Dios que nos comanda a siempre dar más de nosotros. Hoy ya cumplimos tal o cual mandamiento, y estamos felices con nuestro presente, sin embargo al elevar los ojos y ver esa vav al comienzo de cada columna de la Torá nos resuena la voz de Dios preguntándonos ¿qué otra mitzvá adoptarás para tu vida está semana?

Los lingüistas nos enseñan también que una de las tantas funciones de la Vav es unir, y la llaman, Vav Hajibur. La Vav nos une a una tradición milenaria que encontró sentido y refugio en las palabras de la Torá. La Vav al comienzo de cada columna da testimonio de que otros antes que nosotros, y otros tantos en el mismo instante dispersos por el mundo, están refugiándose nuevamente en este árbol de vida.

La última función de la Vav que quiero compartir con ustedes se la conoce como la Vav Haipuj, la vav que invierte. La Vav tiene la posibilidad de transformar un verbo en tiempo pasado en tiempo futuro y viceversa. La Vav cumple la función de aquella máxima que pronunciara el Rab Kook: “Haiashan Mitjadesh, VeHajadash Itkadesh” (El pasado se renovará, y el presente se santificará). La Vav renueva a cada instante las palabras eternas de la Torá, las vigoriza y le da un sentido actual a la palabra de Dios.

Cuando en el próxmio Simjat Torá bailes con la Torá y luego extiendas su texto en todo el santuario imagina que el pergamino es el panel del Mishkan, sus columnas son las columnas del Mishkán, y las Vav al comienzo de cada una de ellas, es el gancho eterno que nos liga con el libro que le da sentido a nuestro ser judío.

Shabbat Shalom!

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