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Parashat Truma

por enero 30, 2014 Sin comentarios
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“Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda (Truma); de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda (Trumati).”(Shemot 25:2)

Así es que comienza nuestra parashá. Está sección abre una nueva temática en el texto bíblico, la construcción del Mishkan, del santuario que supo ser el centro religioso y social del pueblo judío durante los años del desierto. La parashá comienza diciéndonos que cada hombre y mujer, por propia voluntad, deben hacer una donación, un regalo/ofrenda, para la construcción del Mishkan. Los sabios a lo largo de las generaciones se preguntaron por qué motivo esta parashá se encuentra en este preciso lugar de la Torá y no en otro. ¿Por qué le antecede a Truma parashat Mishpatim?
La tradición rabínica nos regala dos hermosas perlitas de las cuales todos podemos aprender algo de este orden tan particular que la Torá nos presenta. Como no pude decidirme cuál de ellas compartir con ustedes les propongo que sean ustedes los que elijan cual desean leer (a cada Midrash le corresponde una enseñanza para Shabbat).

[I] En Parashat Mishpatim se estipulan una serie de reglas que buscan ordenar la sociedad. Se enumeran una gran cantidad de leyes en torno a cómo debemos comportarnos con nuestro prójimo, frente a quienes somos siempre responsables. Se nos enseña que no debemos engañar a nuestro semejante, no debemos mentirle ni tampoco defraudarlo. Y ahora, en Parashat Truma, se nos dice que debemos entregar algo nuestro a Dios, a nuestra comunidad y al santuario. Esto que entregamos debe haber sido, sin embargo, adquirido de forma honesta y correcta. Lo que donamos no puede ser plata sucia; ya que los sabios enseñan que una buena acción no puede provenir de una transgresión (Mitzvá haba Bahavera). Parashat Mishpatim nos enseña cual debe ser la cualidad de la donación que haremos en Parashat Truma.

[II] En Parashat Mishpatim la voz que más se escucha es la de “no”. No se debe hacer tal cosa ni tal otra. Allí son enumeradas una inmensa cantidad de prohibiciones que deben ser la base para la organización correcta de toda sociedad. Sin embargo los “no” no son suficientes. Abstenernos de cometer el mal no nos transforma automáticamente en personas justas. Por dicho motivo Truma comienza con un sí, “esto es lo que debes hacer”. Debemos entregar algo para el Otro. El leitmotiv de Mishpatim es “no harás” mientras que en Truma es “harás”, construirás tal cosa y la otra. En un mundo donde abstenerse de hacer el mal es sinónimo de ser una persona justa y noble la Tora viene a enseñarnos que aparte de abstenernos de hacer el mal debemos hacer el bien. Sur Mera – Apártate del mal- Vaase Tov -y haz el bien-, nos enseñan los Salmos (34:14).

[Enseñanza de Shabbat para I] Una Mitzvá no puede ser hecha a través de una transgresión. En Shabbat está noción cobra un sentido muy especial. El ejemplo más paradigmático es encender las velas de Shabbat cuando el día sagrado ya comenzó. Sin duda es noble la intención de todos aquellos que encienden las velas de Shabbat “cuando pueden” sin embargo debemos comprender que para poder tener una vivencia profunda de este día sagrado debemos recibir a la reina de Shabbat cuando ella se aproxima y no cuando ella ya ha llegado.

[Enseñanza de Shabbat para II] Las restricciones de Shabbat sólo cobran sentido cuando a partir de ellas construimos palacios en el tiempo. A los “no harás” debemos sumarle los “haremos”. Nuestro cuerpo se abstiene de transformar el mundo para poder transformar nuestro propio espíritu y nuestras mentes. Las prohibiciones de Shabbat son habilitantes. Nos abstenemos de ciertas cosas para poder tener el tiempo de hacer otras. No hablamos por celular para poder hablar cara a cara con nuestra familia y amigos durante las comidas de Shabbat, tan sólo para nombrar un ejemplo.

[Conclusión para ambas lecturas]

Shabbat Shalom!

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