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Comentario a Parashat Ree

por julio 30, 2013 Sin comentarios

Dios propone y el hombre dispone

La frase popular[1] nos sugiere que el hombre propone pero que finalmente es Dios quien dispone ¿Y si invertimos los roles? Parashat Ree comienza con una de aquellas frases de la Torá que conmueven cada año que volvemos a leerlas. Aquellos versículos que nos atrapan y nos desafían. Así comienza nuestra parashá: “Mira he aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición (Debarim 11:26)”. Leamos con atención el texto. Es Moshé quien convoca a todo el pueblo y en nombre de Dios les advierte que él pone delante de todo el pueblo tanto la bendición como la maldición; la bendición si decidimos seguir los preceptos y la maldición si nos apartamos de los mismos. Ahora bien. El texto confunde las personas. Comienza con el singular (Mira, Reé) y continúa con el plural (delante de vosotros, Lifneijem). Ibn Ezra nos sugiere que esto se debe a que Moshé aunque enfrentando a una gran multitud se detiene a hablarle a cada una de las almas que allí se encontraban presentes. Moshé no le habla una multitud indiferenciada sino que le habla a cada uno en primera persona.

Todos tenemos la capacidad de elegir. Dios nos propone y somos nosotros los que disponemos. Nuestra libertad y nuestra capacidad de elección es la que nos hacen humanos. El ser humano se asumió como tal en aquel mítico Bereshit cuando Dios dijo: “Y ahora el hombre es como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal” (Bereshit 3:22). Solo los tontos y los cobardes creen en la inexorabilidad del destino; nuestra vida  -aunque lo neguemos- no está predeterminada. Estamos condenados a ser libres; a elegir entre la bendición y la maldición. Dios nos regaló el don más hermoso y desafiante: la libertad. Y es por esto que el Rambam (Hiljot Teshuva 5:1) escribe: “Cada persona tiene permiso para elegir  conducirse a sí misma por el buen camino y convertirse en un justo o para seguir un mal camino y convertirse en un malvado.” La decisión es nuestra. Somos los únicos seres en este mundo dotados de libre albedrío, y aquello nos emparenta con Dios. Dios propone y el hombre dispone. Dios nos da a elegir diversos caminos pero somos cada uno de nosotros quienes disponemos que camino elegir.

En el comentario clásico de la Torá, el Kli Yakar en el siglo XVI, nos presenta de forma maravillosa el mensaje sempiterno de este versículo. Volviendo al punto de las personas ¿Porqué dice mira en singular y delante de vosotros en plural?; por cuanto nuestros sabios (Talmud, Kidushin 40b) nos enseñan que el hombre siempre debe mirar al mundo siendo el mismo la mitad culpable y la mitad inocente, como si el mundo se encontrase en una balanza eterna. Y es por eso que el hombre debe tomar conciencia de que cada acción que uno realice puede inclinar la balanza para la bendición o para la maldición; para el bien o para el mal. El “mira” está singular porque cada uno debe ver al mundo de aquella forma pero “delante de vosotros” está en plural porque cada una de nuestras acciones repercute en el mundo entero. Dios nos da a elegir; Dios no elije por nosotros. Debemos aprender a cargar con el peso en nuestras espaldas de nuestra libertad. Toda la Torá es un intento por enseñarnos a elegir mejor; mucho puede encontrarse en las manos del Cielo pero la potestad de actuar y de elegir es responsabilidad absoluta del hombre[2]. Por eso el maestro de maestros, el rabino Marshall Meyer, solía citar con frecuencia aquel pasaje (Debarim 30:19) el  cual haciéndose eco de parashat Reé nos exhortaba: “os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida”.

Dios propone y el hombre dispone. Aprendamos a elegir.

Shabbat Shalom!


[1] Cuyo origen se remonta a una interpretación cristiana de Proverbios 16:1 que dice: “Del hombre son las disposiciones del corazón; mas de Adonai es la respuesta de la lengua.” 

[2] Basado en el  comentario de Rashí en el Talmud (Berajot 33b) donde enfatiza que Dios determina la altura o el color de la piel del hombre pero que la capacidad de convertirse en un justo o en un malvado depende absolutamente del ser humano. 

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