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Parashat Re´e – Del ideal a la realidad (5780/2020)

por agosto 14, 2020 Sin comentarios

Uno de los elementos centrales de la tradición judía es la “Tzedaká”. A diferencia de la caridad (carĭtas en latin) en cuya etimología está la noción del amor, la misericordia y la compasión; la ayuda al necesitado en la tradición judía proviene de “Tzedek” (justicia). Dar Tzedaká no es un acto de amor sino un acto de justicia social, de justicia redistributiva. La caridad depende del corazón del contribuyente. La tzedaká es un imperativo legal. No doy tzedaká por que quiero, doy tzedaká porque debo. El deber, por supuesto, debe también generar el ideal que es comprender que dar es un acto de amor pero aún así si no lo creo estoy obligado a dar. 

 

Si uno de los elementos centrales de la tradición judía es la “Tzedaká” el libro de Deuteronomio (conjuntamente con los profetas Isaías, Amos y Oseas) es su mayor pilar. Y dentro de este libro, el capítulo 15, es su pináculo. Comienza el capítulo hablándonos del “Shnat Shmitá”, de la remisión de todas las deudas cada siete años (vs. 1), luego nos habla de la necesidad de “abrir nuestras manos generosamente” (vs. 8) a los menesterosos de nuestras ciudades, también nos dice que nuestros siervos al séptimo año deben recuperar su libertad y no podemos “enviarlos con las manos vacías” (vs. 13). 

 

El Rabino Shai Held enseña que existe una transformación interna en la propia Torá, una demanda creciente para el pueblo de Israel. En el libro de Éxodo somos exhortados a no maltratar a los extranjeros ni a los necesitados. Es intolerable para Dios oprimir a los que nada tienen. Sin embargo el libro de Deuteronomio, especialmente este capítulo 15, da un paso más: no solo está prohibido oprimir sino que también está condenado el rehusarse a ser generosos con ellos. No solamente que no podemos abusar de su vulnerabilidad sino que estamos obligados por Dios a extenderles una mano. En el Éxodo se nos prohíbe hacer el mal, en el Deuteronomio se nos obliga a hacer el bien. 

 

Una noción interesante que rescata el  biblista Jeffery Tigay es la siguiente: “El libro de Deuteronomio utiliza este término [ajim – hermanos] para enfatizar la igualdad y la fraternidad de todos los israelitas, ya sea un rey o un sirviente, un profeta o un rey”. Y podríamos agregarnos nosotros: “ya sea rico o pobre”. Y el capítulo 15 del libro de Deuteronomio no es la excepción. Al hacer referencia a los pobres y necesitados seis veces se los menciona “como tus hermanos”. La Torá nos está diciendo que no podemos dejar de ver al vulnerable como nuestro hermano ya que dejamos de dar cuando dejamos de ver al otro como nuestro hermano. Nuestra Torá sueña con la construcción de una sociedad donde cada uno no se vea como “individuo” sino como parte de una gran familia. Si sabes que tu hermano está pasando hambre o no tiene techo ¿no harías todo para cobijarlo en tu hogar y darle una ración de tu propio plato aunque a ti no te sobrará mucho? Por eso la Torá nos llama a ver a los necesitados como nuestros hermanos para identificarnos con su sufrimiento y su necesidad, para hacer lo que cualquier hermano de sangre haría por el suyo. 

 

El llamado de la Torá es único e inequívoco: “Ki Fatoaj Tiftaj et Iadeja – Porque abrir habrás de abrir tu mano” (Deut. 15:8). Sin embargo hay un detalle que es esquivo. En el versiculo cuatro la Torá nos dice אפס כי לא יהיה־בך אביון – “Porque no habrá entre ustedes pobres”. Al parecer tanta será la abundancia y la bendición en la tierra prometida que al llegar allí no habrá más pobres. Sin embargo en el versículo siete pone en duda esta noción al decir כי־יהיה בך אביון “Si llega a haber pobres entre ustedes”. Aquí ya la noción paradisíaca de la extinción de la pobreza se pone en duda y se nos dice que si llega a haber pobres entonces nosotros tenemos que abrir nuestras manos con generosidad. Y sin embargo… en el versículo once se nos dice: “כי לא־יחדל אביון – Porque no dejará de haber pobres”. Siempre seguirá habiendo necesitados, nos afirma la Torá. En apenas ocho versículos pasamos del ideal, a la posibilidad y de la posibilidad a la realidad. Alguien podría incluso imaginarse que en los tiempos mesiánicos no habrá más pobreza en el mundo y sin embargo la propia Torá, y Shmuel en el Talmud (b. Shabbat 151b), nos enseñan que esto no es así… siempre seguirá habiendo pobres. Siempre seguirá habiendo desigualdad. Incluso en el más ideal de los mundos siempre habrá alguien que esté necesitado. Siempre habrá alguien que habrá caído en una desgracia. ¿Y cuál es nuestra obligación? ¡No como sociedad sino como familia extendida decir: Hineni (aquí estoy yo)! 

 

Frente a aquellos líderes políticos que hablan en el lenguaje de lo “ideal” la Torá decide operar sobre lo “real”. Sí, por supuesto que es un sueño que no haya pobres en el mundo, y en este contexto de la pandemia, también sería un ideal que nadie muriera, que nadie se contagie pero lamentablemente siempre habrá desigualdad en el mundo y lamentablemente en una pandemia (como en una guerra) siempre habrá muertos. La existencia de cada pobre es una tragedia como así cada muerte. Y sin embargo no podemos continuar con discursos “idealistas” cuando estos nos llevan a seguir siendo ciegos ante la realidad. A implementar políticas públicas que buscan alcanzar sueños irreales y que solamente nos hunden en realidades más oscuras. La realidad, nos dice la Torá, demanda de nosotros acción siendo conscientes que nunca podremos alcanzar aquel mundo idílico. 

 

Y algo más antes de terminar. No solo debemos ayudar a los necesitados sino también ¡Dar segundas oportunidades! Nos estamos acercando a los Iamim Noraim y el tema central de aquellos días será la Teshuvá. La posibilidad de arrepentirnos, de enmendar nuestros errores, de cambiar. Y si esto es cierto a nivel personal sobre nuestras conductas también debe ser cierto a nivel social y económico. El ideario político y económico de nuestra Torá es crear una sociedad que más que una sociedad funcione como una familia. Una familia donde damos segundas (y terceras) oportunidades. Por eso cuando se liberaba a los esclavos no se los podía dejar salir con las manos vacías ya que caerían devuelta en la necesidad de venderse a otro amo para subsistir. Por eso enseña Maimonides en sus famosos “ocho niveles de la Tzedaká” que lo ideal no es ayudar a alguien cuando ya cayó, sino tenderle la mano antes de que caiga; y si ya cayó no simplemente darle algo de comer o unos pesos para subsistir sino por sobre todo darle un trabajo, darse la posibilidad de valerse por sí mismo. E incluso más, nos dice Maimonides, que una forma aún más elevada de ayudar es dar un préstamo. Al dar el préstamo creamos una relación, una relación de confianza, de hermandad. Generamos una relación de igualdad y de reciprocidad, nos vemos mutuamente como hermanos que podemos ayudarnos y acompañarnos. Ese es el ideal de la Tzedaká en nuestra Torá. La Tzedaká ideal, el dar trabajo o un préstamo, no solamente ayuda a sacar al necesitado de su pobreza material sino también de su pobreza espiritual y social, que lo dignifica, que lo convierte nuevamente en parte de la familia.

 

¡Que los ideales imposibles no nos detengan en generar realidades mejores!

 

Shabbat Shalom,

Rab. Uri

 

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