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Una reflexión tras la masacre de Orlando

por junio 15, 2016 2 Comments

Por el amor que siento por mi Torá y por mi Dios no puedo quedarme al margen cuando en Sus nombres se asesina y se discrimina.

Millones de homosexuales en todo el mundo son marginados, discriminados y asesinados por un versículo escrito hace más de 2700 años: “No te acostarás con varón como con mujer; es abominación (Levítico 18:22).”

La Biblia hebrea, debemos decirlo claramente, en una lectura literal considera una abominación la homosexualidad. En lo personal considero que es una abominación no reinterpretar aquellos versículos. El judaísmo ha podido a lo largo de su historia transformarse a sí mismo y reinterpretar miles de versículos que no se “ajustaban” a su nueva realidad histórica o a sus nuevas consideraciones morales.

La Biblia en sí misma reinterpreta o modifica antiguas tradiciones o nociones que ya no se ajustaban a la nueva moral de la época.

El Talmud reinterpreta, modifica o corrige decenas y decenas de mandamientos bíblicos contrarios a la moral de sus tiempos.

Los filósofos judíos en la edad media reinterpretan y modifican las antiguas creencias y teología bíblica para que la misma se ajuste a las nociones aristotélicas o neo-platónicas según correspondiera.

El movimiento feminista en el siglo XX ha re-interpretado, re-elaborado y re-significado cientos de pasajes en la literatura bíblica y rabínica que rebajaban a la mujer a un segundo plano y ha logrado que hoy en día en la gran mayoría del pueblo judío la mujer goce de un lugar de igualdad con respecto a los hombres.

Hoy en día es nuestro deber religioso re-interpretar y re-significar todos aquellos pasajes de nuestras escrituras sagradas que pueden ser usadas para discriminar a la comunidad LGBT.

Hoy en día es nuestro deber religioso modificar todas aquellas normas legales que impiden que los homosexuales tengan una vida plena al interior de las sinagogas y del hogar judío.

La comunidad LGBT no desea nuestras plegarias, desea que dejemos de llamar a su elección sexual una abominación.

La comunidad LGBT desea que abramos nuestros corazones para aceptarlos como son, no exigirles que sean lo que ellos no quieren ser. Desea que abramos nuestras mentes para tal como hemos podido reinterpretar cientos de leyes y versículos en el pasado podamos hoy hacer lo mismo con aquellos que hoy los marginan y los discriminan a ellos.

Hace menos de un año en Israel un fundamentalista religioso asesinó a una mujer en la marcha del orgullo gay en Jerusalén. Semanalmente homosexuales son asesinados, apedreados y arrojados de edificios en varios países musulmanes. Hace unos días 50 personas fueron asesinadas en un bar LGBT en Orlando. Un denominador común atraviesa estas masacres: fueron perpetrados por religiosas basados en las escrituras. Seguramente incentivados o basados en alguna predica de algún rabino, cura o imam de turno.

Nuestros días no son tiempos de pequeñas modificaciones o concesiones, son tiempos donde debe darse una renovación absoluta en relación a nuestra mirada en torno a la comunidad LGBT. Como religiosos y observantes de la Torá debemos reinterpretar radicalmente todos aquellos versículos que pueden ser utilizados para incentivar el odio o el asesinato. Debemos reeducarnos y reeducar a nuestras comunidades. Debemos comprender que el versículo más importante de la Torá está justo en el medio, entre aquellos dos versículos que condenan la homosexualidad (Levítico 18:22 y 20:13): “Amarás a tu prójimo como a vos mismo” (Levítico 19:18). Ya lo dijo rabí Akiva, este es el principio más importante de toda la Torá; y es en base a este versículo que debemos sopesar todos los demás mandamientos y versículos bíblicos.

Y como dicen algunos en Israel: “Amarás a tu prójimo aunque no sea como vos”.

2 Comments

  • No entiendo muy bien por qué decís que reinterpretar la Torá para ajustarla a nuestra sensibilidad moral es la única solución. Estoy de acuerdo con que el trato a la comunidad LGBT es horrible en muchos casos (y eso no es exclusivo de la ortodoxia, por más que los conservadores intenten esquivar el bulto) pero no creo que la solución sea legalizar o permitir algo que, a todas luces, está prohibido. Me encantaría que la Torá diga que las relaciones homosexuales o la transexualidad están permitidos: facilitaría bastante las cosas. Pero la verdad es otra: la Torá es explícita y terminal cuando los prohíbe. Entonces, no entiendo muy bien cómo podría aceptarse un casamiento homosexual con Jupá en un Beit Hakneset. Dicho esto, estoy absolutamente de acuerdo con que hay que integrar al colectivo LGBT y darle su espacio: si alguien es homosexual, no por eso hay que cerrarle las puertas. Después de todo, nadie le cierra las puertas a una persona que no separa Maaser o que no come Kasher: que venga, que haga Tefilá, que estudie Torá, que crezca junto a la comunidad, por supuesto que sí; pero una jupá entre homosexuales es, sencillamente, un error (así como no comer Kasher o no separar Maaser también lo son).
    No lo digo por homofóbico. Al contrario, me parece perfecto que haya una ley civil estatal de casamiento homosexual, por ejemplo: la apoyé en su momento y la sigo apoyando. Tiene que haber leyes que protejan a los transexuales también. Sin embargo, me da la sensación que el movimiento conservador -ni que hablar el reformista- hicieron la fácil: decir que no tiene nada de malo ser homosexual o transexual. Lamentablemente, la Torá dice otra cosa. Si hay un miembro de mi kehilá que es adicto al juego o muy irascible (dos cuestiones que quizás no maneja y que no son su culpa), no lo voy echar (porque eso no solucionaría nada) pero no tampoco le voy a decir: “sí, lo que estás haciendo está genial, seguí así”. Si, como decía antes, alguien no come Kasher, no le voy a decir que siga comiendo jamón cocido: no, lo que está haciendo está mal. Obvio que también hay que tener sensibilidad y entender que cada uno tiene etapas y procesos personales.
    Así que comparto plenamente el no discriminar y el ser tolerante pero no puedo estar de acuerdo con permitir lo prohibido.

    • urielromano dice:

      Aprecio mucho tu comentario. Durante mucho tiempo tenía la misma postura que vos, aceptar, abrazar pero no “legalizar”. Con el paso del tiempo y con varias lecturas (las tres teshuvot del movimiento conservador del CJLS por poner un ejemplo) cambié mi parecer. Creo que la única manera real de no discriminar es cuando ellos puedan encontrarse plenamente en nuestras sinagogas. Sé que plantea cuestiones muy complejas en torno a la halajá y creo que dar pequeñas o grandes vueltas legales como hacen muchos rabinos conservadores u ortodoxos modernos es un sinsentido. Yo comprendo que ante una cuestión ética “et laasot laHashem eferu Torateja” como las hubo en el pasado con más o con menos “ropaje” tradicional o de fuentes. Es mi opinión nada más. Abrazo.

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