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Jutzot Ierushalaim – XIV – Las calles de Jerusalém: Tibonim

por septiembre 21, 2015 Sin comentarios

Tibonim. La primera vez que leí el nombre de la calle no comprendí a qué hacía referencia. ¿Qué era un Tibon? No conocía esa palabra. Al acercarme me di cuenta, con la pequeña leyenda que había en el cartel, que se trataba ni más ni menos que una de las familias sefaradíes más famosas del Medioevo: los Ibn Tibbon. Los Ibn Tibbon fueron una casta de grandes eruditos, rabinos y médicos de los siglos XII y XIII principalmente de la ciudad de Provenza (al sur de Francia, norte de España). Sin embargo se los conoce principalmente, y pasaron a la fama, por ser los más aclamados traductores de las grandes obras de los filósofos judíos medievales. Como ya expusimos alguna vez los judíos rezaban en hebreo y estudiaban en hebreo, algunos también escribían poesía en hebreo pero nada más. Cuando se trataba de filosofía o de alguna otra ciencia casi todos los autores judíos medievales escribieron en árabe. El árabe era la lengua franca del momento y si uno quería llegar al gran público (que igual no debía superar el par de cientos de personas o quizás algunos pocos miles a lo sumo si era un bestseller…) debían escribir en el idioma que la gente entendiera. Uno de los más conocidos y prolíficos traductores de esta familia fue Iehuda ben Saul Ibn Tibbon quien tradujera la obra ética más importante del judaísmo medieval, Jovot HaLevavot (los deberes del corazón) de Ibn Pakuda, como así también Tikun Midot HaNefesh de Ibn Gabirol, el Sefer HaCuzari de Iehuda Halevi y la gran obra de Saadia Gaon: Sefer Emunot veDeot. Su hijo, Shmuel ben Iehuda, cuyo padre le dejo un hermoso testamento a donde lo instaba a leer cada día y a cuidar como un tesoro la biblioteca que él había acumulado, tradujo la obra filosófica más importante del judaísmo medieval: la guía de los perplejos de Maimonides. Moshé, su hijo, comenzó a traducir una enrome cantidad de literatura de filosofos, astrónomos y matemáticos árabes como Averroes, Avicena o Al Farabi. Iehuda, Shmuel y Moshé, abuelo, hijo y nieto. Los más famosos de los tibonim. ¿Pueden imaginarse como eran sido sus cenas de Shabat? A ellos les debo por lo menos un estante entero de mi biblioteca personal. ¡Gracias queridos tibonim!

Les comparto para que puedan deleitarse, un extracto del testamento que Iehuda le dejó a su hijo Shmuel indicando que él mayor tesoro del hombre son sus libros:

“He reunido una gran biblioteca para tu beneficio para que nunca necesites pedir prestado un libro a nadie. Como tú mismo has visto, la mayoría de los estudiantes no dejan de buscar libros que no son capaces de encontrar…revisa tus libros hebreos cada mes, los libros árabes cada dos meses, los demás cada tres meses. Mantén tu biblioteca ordenada, para que no necesites buscar un libro. Prepara un listado de los libros de cada estante, y coloca cada libro en su estante correcto. Ten cuidado con las hojas sueltas y separadas de tus libros, porque contienen cosas importantes que yo mismo he recogido y anotado. No pierdas ningún escrito ni ninguna carta de lo que te dejo…cubre los estantes con hermosas cortinas, protégelos del agua del techo, de los ratones y de todo daño, porque son tu mayor tesoro.”

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