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LA OTRA PELICULA ARGENTINA PARA EL OSCAR

por enero 25, 2015 Sin comentarios

Si relatos salvajes no gana el Oscar en unas semanas, el 2016 seguramente tendrá una película argentina como ganadora a mejor película extranjera. Su título: “Un enero cualquiera en Buenos Aires”.

Estoy hace semanas trabajando en Nueva York y leo las noticias y comentarios a diario. Sigo todo lo que sucede como una trama intrincada de lo mejor del cine hollywoodense. Es más, se me ocurre pensar que a ningún director de cine se le podría haber ocurrido una trama más fascinante, inquietante, bizarra y espeluznante. Recapitulemos.

[I]

Fiscal argentino y judío, se suicida/es asesinado/es matado/es invitado al suicido, una noche como cualquiera en una desértica Buenos Aires en Enero. Antes que la fiscal llegue a la escena del crimen, aparece misteriosamente en la casa del asesinado/suicidado/llámenlo como les guste, Sergio Berni, leal peón de la presidencia de la nación. Misteriosamente el nombre de Berni se encuentra en el código secreto de la Biblia que días después del asesinato el erudito Aharón David Shlezinger, sabio y masón de la comunidad judía organizada, devela como la muerte del fiscal ya se encontraba anunciada en la Biblia hebrea. Pero la historia continúa.

Las masas populares (y no tan populares) llenan plazas y esquinas céntricas de la ciudad el día posterior a la muerte. Con consignas tomadas de la remota Francia levantan carteles que rezan: “Yo soy Nisman”. Al día siguiente, todos a Mar del Plata en alpargatas. Mientras tanto, el gobierno de turno, cuya presidente y ministro de relaciones exteriores (entre otros) iban a ser acusados formalmente un día después de la misteriosa muerte, salen de buenas a primeras a decir que el mismo se trata de un triste suicidio. Cuando las pruebas comienzan a mostrar lo contrario, demostrando gran versatilidad política y en un increíble giro cinematográfico, declaran que quizás no fue un suicidio pero que de seguro “ellos no tienen nada que ver”.

La historia continua y actores secundarios comienzan a entrar en escena. El archienemigo conocido como Luis D´Elia inquieta a la audiencia cuando es descubierto mandando mensajes con posibles implicados en el atentado ocurrido en 1994 en una mutual judía que abre como prolegómeno está película que de ciencia ficción no tiene nada. Paralelamente al relato principal, continuamente la audiencia se ve sacudida por mensajes mafiosos para algunos, inentendibles para otros, y cómicos para unos pocos, del twiter oficial de la Casa Rosada, que de rosa e inocente cada vez le queda menos (en una de las últimas tomas de la película la misma termina toda pintada de roja por ciudadanos enardecidos).

Mientras tanto la comunidad judía experta en organizar actos con grandes oradores y multitudinaria convocatoria realiza un convite frente a las puertas de la Mutual Judía y lo suma al fiscal Nisman, en un momento dramático de la película, con música similar a la de la Lista de Schindler de fondo, a los muertos de la AMIA. Nisman es el muerto número 86. Luego un pequeño hombre (en estatura por supuesto) presidente imaginario de la dirigencia política judía levanta sus pequeños brazos y dice: “no vamos a permitir que muera otro fiscal”. La gente aplaude emocionada pero luego al tomarse el B para volver a sus hogares se pregunta: “¿Cómo carajo lo van a impedir? ¿Le van a mandar a un par de musculosos hombres de bitajon a custodiar?” Fade out, la pantalla se pone en negro.

En el Shabat, día sagrado del pueblo judío, pueblo que dio a luz a los grandes actores de esta trama, un rabino avejentado en años con acento europeo lee en las sagradas escrituras la lectura tradicional correspondiente a aquel día: la salida de Egipto. El rabino agitándose y emocionado anuncia que esto es un mensaje del Todopoderoso, que no hay ninguna coincidencia en este mundo que otrora Dios ha creado. La lectura sobre el éxodo de Egipto en estas semanas de conmoción es un anuncio divino de que los judíos deben abandonar la tierra que supo ser tierra de esperanzas para las generaciones pasadas. Los judíos que están a la fecha en Miami o Punta del Este extienden sus vacaciones para no volver al país de la insania y el surrealismo. Los que todavía se encuentran en la desolada Buenos Aires en enero comienzan a contemplar la posibilidad del Exilio. Un periodista será el primero.

El espectador piensa que la película pudo haber terminado allí. En la pantalla aparece la siguiente reseña: “una semana después”. Luego de la muerte y de la intriga, y del silencio espeluznante del ministro del exterior judío-argentino (argentino-judío, pónganle el orden que corresponda) perdido a la fecha en algún país lejano sobre todo lo acontecido, nuevas noticias sacuden a la audiencia. Un periodista (que hasta el momento solo lo conocía su madre y la comadrija con la que había salido de la Tnuá) se vuelve internacionalmente famoso al escribir un relato de cómo se tuvo que escapar del país por haber sido el primero en anunciar la muerte del Fiscal. Aquel maduro periodista se escapa vía Uruguay hacia Israel (no es un cliché, es lo que pasa en esta imaginaría película). Asegura vía twiter que está a salvo en Tel Aviv, lejos de los agentes secretos de la SIDE que días a tras lo persiguieron en retiro (sí, la película tiene un par de cliches, pero lo valen). En un momento dramático de la película un conocido le recuerda que el padre del actual ministro de relaciones exteriores también se refugió en Israel tiempo atrás. El joven periodista se estremece pensando que será de su hijo y con un grito ensordecedor que estremece a la audiencia la película parece entrar en un impasse. No sabemos cómo continuará, pero estamos seguros que lo hará.

[II]

Generalmente las secuelas de las películas tardan años en salir pero la creatividad argentina parece no tener límites, cada día una nueva secuela de esta película que parece no tener fin, solo intermedios. Como en toda buena película en muchas escenas aparece un actor secundario que de pronto se convierte en un personaje clave para el desarrollo de la historia. Esta (no) es la excepción. Se trata de un joven con cara de pletzalej (aunque no lo es), Diego Lagomarsino, que de la noche a la mañana se transformó en el primer imputado de la causa con la caratula más larga de la historia: “suicido/asesinato/invitación al suicido/ está vivo en Miami del fiscal Nisman”. Como suele suceder en el cine argentino cuando por unos días un acusado real no aparece el primer “cabecita” (el típico afroamericano o hispano de las películas del norte) salta a la escena como el “gran responsable” (pero como está vez la muerte ocurrió en puerto madero y no en villa Fiorito debían cambiar la tipología del actor). El crimen de lesa humanidad, imperdonable e imprescriptible de este villano es… haberle dado el arma al asesinado/suicidado en cuestión. Terrible crimen, crimen que quedará pegado en la memoria de todos los espectadores. Los espectadores de pie frente a la pantalla abuchean a uno de los peores criminales de la historia argentina reciente.

[III]

Cristina Kirchner impulsará la disolución de la ex SIDELas secuelas de esta intrincada película, no dejan de aparecer. Una de las figuras estelares, que todavía no había entrado en escena, apareció: la gran presidenta de todos los argentinos, Cristina, reapareció un lunes por la noche. El escenógrafo de la producción, demostró una gran habilidad y un gusto esquicito. Para probar la vulnerabilidad de nuestra presidenta perseguida hace años por la gran central de inteligencia Argentina, sólo superada por otras 195 centrales de inteligencia del mundo, se la ve de blanco, en silla de ruedas y con su pierna rota (que una preculea, todavía sin aparecer en los cines, develará como se rompió su tobillo escapando a galope de los agentes de la ex Side que la perseguían por las estepas patagónicos). Como ya nos tiene acostumbrado está soberbia actriz argentina, conocida por otras grandes obras como “la viuda sin fin” o “Clarin decime que se siente” deleitó a la audiencia con más teorías conspirativas que levantan nuevamente la pasión de los espectadores. Los agentes desestabilizadores del gobierno no son, como creía el público, la inseguridad, la desocupación o la inflación sino los agentes de la ex Side. Ellos están detrás del crimen. Sin embargo el autor material es aquel amigo (el que apareció en la secuela anterior) que por fuentes muy fehacientes como twitter se presenta como “un feroz opositor al Gobierno”. El crimen parece resuelto: a Nisman lo suicidó un amigo que trabaja para la Corpo y que la odia a Cristi porque le spoilió el final de Lost.

Próximamente: el cerrajero.

Para todos lo que decían que en enero no pasa nada en Buenos Aires los invitamos a ver próximamente en las salas de todo el país: “Un enero cualquiera en Buenos Aires”.

Una película que entra en todas las categorías: humor, suspenso, ciencia ficción, terror, acción y drama.

Sólo apta para mayores de la edad del Bar Mitzvá.

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